Miércoles 23 de enero

 

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para que todos los que creen alcancen la salvación, los judíos en primer lugar, pero también los que no lo son. Pues el evangelio nos muestra de qué manera Dios nos hace justos: es por fe, de principio a fin. Así lo dicen las Escrituras: “El justo por la fe vivirá”.

Romanos 1,16-17

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Así como es cierto que la fe se vive de manera comunitaria, el hecho de tener fe es un acto absolutamente personal.

Podemos educar en la fe, y de hecho lo hacemos como parte de un mandato de Jesús. Más allá de esto, las personas necesitan cono-cer la historia y apropiarse de ella; también es necesario ayudar a las personas a reflexionar, a juzgar y hasta a cuestionar la fe, se puede acompañar a las personas por el camino de la fe.

Lo que claramente no es posible, enseñar a tener fe. Entender que “el justo por la fe vivirá” no es algo que se aprende leyendo un libro, sino que es una realidad a la que accedemos, que podemos tocar mediante una conversión, una trasformación profunda de nuestras vidas que no se logra de un momento a otro, sino que va madurando, es ciertamente un crecimiento que nos da la madurez para confesar y predicar el Evangelio.

Quiera el Dios de la vida acompañarnos en ese camino, desafiarnos en nuestras búsquedas y crecimiento.

Cristina La Motte

Romanos 1,18-23