Miércoles 25 de enero

 

 

Jesús fue con ellos, pero cuando ya estaban cerca de la casa, el capitán mandó a unos amigos a decirle: “Señor, no te molestes, porque yo no merezco que entres en mi casa, por eso, ni siquiera me atreví a buscarte en persona. Solamente da una orden para que sane mi criado”.

Lucas 7,6-7

 

Asombran tres actitudes en la persona de este capitán romano: primero, el interés que demuestra por la salud de su criado; segundo, la humildad con que se expresa, pues se considera no digno de que Jesús llegue a su casa y, tercero, la fe que le tiene, que con una simple orden de Jesús su criado sanará.

Jesús mismo quedó  admirado  por esa actitud, y mirando a la gente que le seguía, dijo:”Les aseguro que ni en Israel he encontrado  tanta fe como en este hombre”.

En esta época en la que el consumismo nos agobia, es interesante detenernos un tiempo y reflexionar sobre estos  tres temas. Amor: como un capitán romano, acostumbrado a recibir y dar órdenes, teniendo  mucho poder sobre las personas, se preocupa por su criado. Humildad: que nos hace pensar cuándo hemos sentido esa humildad de recibir a alguien, considerando  no ser dignos de que entre en nuestra casa. Por último, la fe: que cuando pedimos algo por nuestro prójimo con humildad, se nos concederá con más facilidad que cuando queremos ordenar. Y sea a Jesús, como a otro prójimo.

Tener esa fe en Jesús, que cuando le pedimos algo en oración, nos lo concederá. Tal vez no como nosotros quisiéramos, pero como Él sabe que es mejor para nosotros.

Dios también nos necesita. Él no tiene otras manos que las nuestras, y constantemente nos habla, pero quiere corazones sinceros. Si  nos acercamos a Él con amor, humildad y fe, podemos captar su mensaje.

Señor Dios todopoderoso. Te pedimos que despiertes en nosotros  ese amor por nuestros prójimos, viendo las necesidades para ayudar, en nombre de nuestro Señor Jesús.

 

José Wenninger

 

Lucas 7,1-10