Miércoles 26 de febrero

 

Miércoles de Cenizas

Pues donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón.

Mateo 6,21 Jesús deja en evidencia uno de los males que más nos aquejan

como discípulos: la idolatría.

La idolatría nos aparta de Jesús, levanta muros que nos impiden la visión del Señor y de su Reino, y es incompatible con el seguimiento.

Cuando pensamos en ella, rápidamente nos remitimos al dinero, al trabajo, a uno que otro pasatiempo, a algo en lo cual invertimos mucho tiempo y recursos, a algún placer…

Ciertamente, mucho de lo anterior se interpone entre Cristo y nosotros, como individuos y/o como comunidades. Pero, no es lo único: teologías, interpretaciones de la Palabra de Dios, formas eclesiásticas, hasta nuestras propias piedades personales cuando pierden de vista al Señor, pueden llegar a ser muros que nos separan de él y nos lo ocultan. Estos ídolos, incluso, pueden crearnos una mera ilusión de relación con Dios, llevándonos al autoengaño. Ilusión, porque igualamos la adscripción a ideas religiosas, políticas, económicas y filosóficas, con el Evangelio de Cristo. Autoengaño, porque decimos que somos sus discípulos, mas no creemos, no confiamos, no descansamos en él, dudamos de sus promesas, y nuestra esperanza tambalea ante la maldad que gobierna al mundo; porque, en el fondo, esa esperanza está puesta en el ser humano, en su bondad, en su sabiduría, y no en Dios. Estos muros suelen ser más gruesos y altos que los construidos por la idolatría material, hasta infranqueables, cuando el corazón se

acomoda a la ilusión y al engaño…

¿Dónde está mi corazón? ¿Hacia dónde mira?

Señor, guíanos por tu senda, y líbranos de todo lo que aparta a nuestro corazón de ti.

Robinson Reyes Arriagada

Salmo 51,1-18; Joel 2,1-2.12-17; 2 Corintios 5,20b-6,10; Mateo 6,1-6.16-21

Agenda Evangélica: Salmo 51,3-6.11-14; Joel 2,12-19; Mateo 6,16-21; 2 Pedro 1,2-11;

(P) Mateo 9,14-17