Miércoles 27 de junio

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Mi pueblo no tiene conocimiento, por eso ha sido destruido. A ti, sacerdote, que rechazaste el conocimiento, yo te rechazo de mi sacerdocio. Puesto que tú olvidas las enseñanzas de tu Dios… Cuantos más eran los sacerdotes, tanto más pecaban contra mí… Viven del pecado de mi pueblo; por eso anhelan que mi gente peque.

Oseas 4,6-8

Aquellos que tienen la responsabilidad de enseñar al pueblo los rudimentos de la fe y la justicia de Dios, no han cumplido. Al estilo de los sacerdotes (iniciados) de las otras religiones guardaron su sabiduría para ellos mismos. Paralelamente lucran con los sacrificios que deben ofrecer los transgresores. Hay que saber que la tribu de los Levitas, cuyos varones estaban destinados al servicio sacerdotal, no tenía tierras (Números 18), y en compensación por ello tenían el derecho a retener para su sustento una parte de los elementos sacrificados.

El desconocimiento de los mandamientos y por tanto la falta del hábito de cumplirlos, aumentaba la frecuencia de los delitos y con ello crecía la necesidad de ofrecer sacrificios para su desagravio. A mayor necesidad de sacrificios, más ganancias para los sacerdotes. Oseas ve en la falta de docencia un interés creado, pero a la vez la razón por la cual muchos israelitas comenzaron a adorar a otros dioses.

Para los que fuimos encargados con un ministerio en la iglesia, la crítica de Oseas es una advertencia dura. No hay espacio para dejarnos estar en la tarea de ir a las gentes de todas las naciones, bautizarlas y enseñarles a obedecer todo lo que el Señor nos ha encomendado  (Mateo 28,19).

¡Que el Señor nos ayude a cumplir responsablemente con nuestra vocación, de manera que finalmente no tengamos que ser  destituidos del ministerio por ineficientes y corruptos!

Federico H. Schäfer

Oseas 4,1-14