Miércoles 29 noviembre

 

 

Oramos siempre por ustedes, pidiendo a nuestro Dios que los tenga por dignos de haber sido llamados por él, y que él cumpla por su poder todos los buenos deseos de ustedes y los trabajos que realizan por la fe.

2 Tesalonicenses 1,11

Me impactan las palabras positivas, de ánimo y llenas de confianza. Reflejan una relación muy especial de Pablo y sus otros compañeros nombrados al comienzo de la carta, con sus hermanas y hermanos de la comunidad de Tesalónica. Una relación fraternal. Unidos en la misma fe y esperanza.

Sus palabras son una caricia que hace bien. Porque da gracias a Dios por su fe y acciones emanadas de ella, y pide que el Padre los acompañe en ese camino de testimonio: que él cumpla todos los buenos deseos de ustedes y los trabajos que realizan por la fe.

Animan a continuar. Porque les demuestra que no están solos. Aunque el camino a veces puede traer tropiezos y luchas, sufrimientos y burlas.

Fortalecen la fe. Porque Pablo habla de ellos en las otras iglesias y los pone como ejemplos de fe, y pide la gracia y paz de Dios sobre ellos.

¿Cómo es con nosotros? Muchas veces nos miramos a nosotros mismos en nuestras comunidades. Nos lamentamos. Estamos cansados. Encontramos muchos “peros” y resaltamos lo que nos molesta en la comunidad y en el otro.

¡Cuánta falta hace una buena caricia que anime y fortalezca el espíritu! 

Te invito a saludar y expresar tu gratitud y deseo de gracia y paz, por parte de Dios, a quienes están cerca de ti. A pensar y orar por una comunidad cercana a la tuya, o en la que se congrega algún familiar o amigo y dar gracias a tu Dios por ellos. Para que todos sigan con alegría y fuerza en el camino del testimonio.        

Everardo Stephan

2 Tesalonicenses 1,1-12