Miércoles 4 de septiembre

 

Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

Mateo 13,13

Te invito a tomarnos un tiempo para meditar el evangelio de hoy. Qué cosa más rara lo que nos dice aquí. O quizás lo desconocido consiste en que nos pone como al límite, nos plantea dos opciones: vivir con él, o vivir sin él. Sin vueltas, eso expresa.

Como ya hemos dicho los días anteriores, él hablaba por medio de parábolas. Necesitamos preguntarnos, ¿qué es lo que hace que muchos no oigan, no vean, no entiendan? Si su “método” de enseñanza es tan simple, el problema no radica en sus parábolas. Entonces, ¿cuál es la barrera?

Por más que Jesús les hable, les explique de una y mil formas, tienen sus sentidos tan cerrados, que cada cual hace la suya, sigue su propio camino. Y en este sentido lo necesitamos pensar como trayecto que se aleja u opone a los valores del Reino.

Entonces, volvamos al comienzo, si optamos por vivir siguiéndolo, escuchándolo, conociéndolo, necesariamente me tengo que comprometer viviendo en consecuencia con los valores del reino de Dios. Aportando lo mejor de mí para la construcción de un mundo más justo, más solidario, misericordioso, sensible a quien me rodea y su situación.

Somos conscientes de que vivimos en un ritmo que se opone a la propuesta solidaria de Jesús. Un mundo totalmente individualista donde cada vez nos vamos encerrando más y más, nosotros, nuestros sentidos, nuestro corazón. Y nos pasa lo que Jesús advierte:

Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.

Que, en este día, la gracia de Dios te cubra de tal manera que esa felicidad comience a ser parte de tu vida. Amén.

Marisa Hunzicker

Mateo 13,10-17