Miércoles 7 de junio

 

 

Esteban, lleno del poder y la bendición de Dios, hacía milagros y señales entre el pueblo. … comenzaron a discutir con Esteban,  pero no podían hacerle frente, porque hablaba con la sabiduría que le daba el Espíritu Santo.

Hechos 6,8-10

Esteban, uno de los 7 diáconos elegidos para realizar tareas rutinarias (atender a los huérfanos, viudas…), no limitó su ministerio. Esteban, lleno de gracia y de gran poder, comenzó a hacer grandes prodigios y señales entre el pueblo. Lo importante en todo esto es ver que el Espíritu Santo obraba a través de Esteban y realizaba la obra.

Pronto surgió la oposición. Esta vez vino de judíos de habla griega. Pero, aunque trataron de disputar con Esteban, no tenían ni la fuerza ni el poder necesario para enfrentarse a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.

A pesar de esto, todavía siguieron negándose a creer, y estaban decididos a detener a Esteban.

Sin necesidad de que seamos apóstoles o diáconos en la comunidad cristiana, todos somos invitados a dar testimonio de Cristo. También a nosotros, a veces, nos pasará, como a Esteban, que nos encontramos en medio de grupos hostiles al mensaje cristiano. Y no es extraño que nos venga la tentación de ocultar nuestro testimonio para no tener dificultades. El cristiano tiene que seguir los caminos del Evangelio. No podemos servir a Dios y al mamón. Probablemente no tendremos ocasión de pronunciar discursos espléndidos ante las autoridades o las multitudes. Nuestra vida es el mejor testimonio y el más expresivo, convincente, discurso para Cristo y para los que nos rodean.

Recuerda que todo lo que hacemos es porque el Espíritu de Dios nos deja hacerlo. Piénsalo. Amén.

Daniel Enrique Frankowski

Hechos 6,8-15