Miércoles 8 de abril

Entonces Pilato, como quería quedar bien con la gente, dejó libre a Barrabás; y después de mandar que azotaran a Jesús, lo entregó para que lo crucificaran.

Marcos 15,15

Ya ha quedado atrás la cena de despedida junto a tus amigos.

Atrás, en el domingo de Ramos, quedó el bullicio y el griterío. ¿Dónde están los que te aclamaban como rey? ¿Dónde el que daría su vida por vos? ¿Dónde el que, en tu mismo plato, mojó su trozo de pan? ¿Dónde estamos nosotros? ¿Con quién queremos quedar bien nosotros?

Pienso en esas horas y pruebas que pasaste y veo representado el drama de toda la humanidad: aparta de mí esto o aquello que me estorba, aquello que me impide llevar una vida cómoda y sin complicaciones.

¿Acaso no era esto precisamente lo que nos advertías en tus charlas, tratando de abrirnos los ojos y de liberarnos de falsas seguridades?

A veces nosotros también somos tentados para quedar bien sólo con la gente.

Te esperan horas de prueba y de agonía mientras tus amigos miran de lejos o huyen llenos de miedo.

La incomprensión, las negaciones y traiciones te asolaron, Señor. Y ya sólo esperas la ejecución.

El mundo, y vos lo sabés Señor, está lleno también de personas que sufren, crucificadas por la desgracia, las injusticias y el olvido: enfermos privados de cuidado, mujeres maltratadas, ancianos ignorados, niños y niñas violados, emigrantes sin papeles ni futuro. Y gente, mucha gente hundida en el hambre y la miseria. El sufrimiento nos deja a los humanos sin palabras.

Y lo primero que brota de un corazón dolorido es la queja, el gemido y la impotencia.

No sabemos explicarnos la raíz última de tanto mal. Y, aunque lo supiéramos, no nos serviría de mucho. Sólo sabemos que nuestro Abba Padre, sufre con nosotros y esto lo cambia todo.

Creo en Ti, Señor… pero ayúdame a creer con firmeza.

Espero en ti… pero ayúdame a esperar sin desconfianza.

Te amo Señor… pero ayúdame a defenderte con mi propia cara y a acercarme a tantos crucificados día tras día. Amén.

Mario Bernhardt