Miércoles 9 de agosto

 

 

Al llegar a las gradas del cuartel, los soldados tuvieron que llevar a Pablo a cuestas, debido a la violencia de la gente, porque todos iban detrás, gritando ¡Muera!

Hechos 21,35

Todo el miedo que se tenía por el viaje de Pablo a Jerusalén, al final se hace realidad. Casi termina muriendo. Son los soldados romanos los que lo llevan preso y una muchedumbre grita que lo maten. No es nuevo esto de que si piensas distinto sos mi enemigo. En el mundo de hoy cada vez surgen más grupos que por causa de una ideología o una falsa idea de Dios recurren a la intolerancia y a la violencia. No fue distinto con los primeros cristianos. Muchos fueron eliminados, muertos por difundir una idea distinta. Una idea que no estaba basada en la violencia ni en la intolerancia sino en el amor, en la comprensión. Pero parece que esta nueva idea molesta a muchos que no la comparten.

Después de años de propagar las ideas cristianas del amor, de la tolerancia y la comprensión, sigue habiendo brotes de intolerancia hacia quienes piensan distinto, hacia quienes son distintos, hacia quienes toman una decisión distinta o viven de una manera diferente.

Los cristianos de hoy deberíamos aprender de las lecciones del pasado para ser más tolerantes y comprensivos. Aceptar a los que son distintos a nosotros, a los que piensan diferentes o viven una vida diferente.

La intolerancia sólo lleva a desacreditar a otros y, por ende, aunque no se ejerza violencia física, el desmerecimiento de otros es una forma de violencia mental, de rechazo, de desprestigio o de condena. Los cristianos estamos llamados a la tolerancia, a entendernos, comprendernos más allá de nuestras diferencias. En el mundo ya no debería haber más espacio para los intolerantes. La intolerancia llevó a Jesús a la muerte como a Pablo y muchos de sus discípulos. Ellos predicaban la tolerancia y la no violencia. Esto sigue siendo hoy el mismo lema.

Oremos: Señor, muchas veces somos intolerantes con nuestros hermanos y hermanas de diferentes maneras. Ayúdanos a tener una mente más abierta y comprensiva para entender a los que son y piensan diferente. Amén.

Arturo Heil

Hechos 21,27-40