Miércoles 9 de mayo

 

 

La tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios.

Hebreos 6,7

 

El texto de hoy es una advertencia muy seria a no volvernos indiferentes ni renunciar a nuestra fe. Dice que entonces sería imposible ser nuevamente renovados para arrepentimiento.

¿Qué significa? No todos los que asisten al culto y participan de la vida de la iglesia han sido renovados. Siguen siendo personas naturales, y por eso, después de algún tiempo, se vuelven apáticos y finalmente abandonan el camino de la fe.

El autor lo ilustra con un texto que nos recuerda la parábola del Sembrador. En la misma se relata que la semilla cayó en diferentes tipos de suelo. Algunos terrenos dieron una cosecha extraordinaria, otros produjeron sólo espinos.

Para que la semilla germine, la tierra deberá ser preparada, abonada y regada. Si la superficie es muy extensa, el riego caerá del cielo en forma de lluvia, si es nuestra huerta, podemos regarla, y la tierra “beberá” cada gota de agua que caiga sobre ella. Sólo así dará una cosecha extraordinaria.

Nosotros somos la tierra. Tierra fértil. La semilla es la palabra de Dios. La lluvia es la bendición recibida en la comunión de los creyentes. Depende de nosotros si dejamos o no, que el Gran Sembrador pueda preparar la tierra para la siembra. Sólo si lo dejamos, seremos renovados de verdad, sólo así daremos frutos buenos, y sólo así seremos bendecidos y a la vez, bendición para los demás.

Luisa Krug

Hebreos 5,10-6,8