Pentecostés: la celebración que nos queda

 

La  mayoría de las celebraciones más importantes de la Cristiandad han sido usurpadas, no sin culpa propia, por  el frenesí del festejo y de las compras.

Navidad con grandes comidas y gran gasto de dinero en regalos y pirotecnia no deja mucho espacio ni tiempo para la preparación de nuestro espíritu durante el adviento para tan magno suceso, el nacimiento de Jesús.

Pocos saben que Reyes es en realidad la Epifanía de nuestro Señor, y porque los reyes del oriente hicieron obsequios a Jesús tenemos por costumbre dejar agua y pasto para los camelos en los cuales los reyes magos traen juguetes a los pequeños.

Pascua con el conejo y los huevos  de chocolate corren por el mismo camino.

Todas fiestas usurpadas por el consumismo.

Solo nos queda Pentecostés (cuidado, no levantar la perdiz). Fiesta de la venida del Espíritu Santo, austera y silenciosa, tanto que  pocas personas la registran y hasta algunos se sorprenden ese domingo… ¡otra vez Pentecostés!

Lo recordemos antes o ese domingo, es la fiesta de la cristiandad que  pasa desapercibida para muchos pero que es vivida y fundamentalmente recordada y celebrada por aquellos que participan regularmente de la vida espiritual y celebrativa de la comunidad. Seamos parte de esa celebración este 4 de junio.

Norberto Rasch



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