Sábado 1 de diciembre

 

El Señor mismo les va a dar una señal.

Isaías 7,14

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Vivimos en un mundo lleno de señales: prohibido estacionar,  cuidado escuela, velocidad máxima. Señales que ordenan el tránsito. Señales del clima, vemos nubes grises, y salimos con paraguas, por las dudas. Vemos un ceño fruncido y ya imaginamos cómo manejar la conversación.

Las señales nos rodean y nos permiten tener información, conocer, anticipar la acción…

El texto del día de hoy nos prepara para este tiempo de Adviento que está llegando. Nos avisa: el Señor mismo nos va a dar una señal. ¿Seremos capaces de interpretarla al igual que las mencionadas antes?

Muchos conocemos la historia de Tomás y las palabras de Jesús, dichosos los que creen sin haber visto, y como creyentes tenemos esa ventaja de creer sin haber visto, – no fuimos contemporáneos de Jesús y sus discípulos.

Sin embargo quiero detenerme en lo que sí hemos visto. Hemos visto a nuestros abuelos ir cada domingo al culto, a nuestra madre elevar una oración ante una dificultad. Hemos visto a amigos ponerse a trabajar para levantar una congregación, hemos visto a las catequistas preparar la escuelita, a los jóvenes organizar un campamento… y ni hablar de otras tantas señales diarias que de tan cotidianas perdemos su importancia como que ¡todos los días vemos salir el sol!

En este Adviento que comienza los invito a preparar el corazón para poder ver esas señales del reino de Dios que nos rodean y, por qué no, ser nosotros mismos, señales de ese amor infinito de nuestro Señor.

Dios, te pedimos ojos atentos a tus señales y corazón dispuesto para actuar acorde. Amén.

Marina Rodríguez

Isaías 7,10-17