Sábado 10 de febrero

 

 

Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, y tomes posesión de ella y la habites, y digas: Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores.

Deuteronomio 17,14

Un rey…

Todos sabemos lo que sucede si miramos la historia cuando hubo reyes.

Pueblos explotados, exprimidos, oprimidos, descuidados, falta de salud, de educación, tributos impagables; los jóvenes en mejor estado, al servicio del ejército real…

Todo lo contrario a lo que Dios recomienda en Deuteronomio.

Ni Saúl, ni David, ni Salomón – por nombrar a los más conocidos – pudieron soportar las tentaciones que trae consigo el poder, y la desdicha que ello trae, no sólo para los reyes sino también para el pueblo.

Hoy no tenemos reyes en nuestros países…

Pero tenemos personas que viven como tales, que no respetan nuestros derechos pero exigen muchas obligaciones.

Exige, pide, tú tienes el derecho de hacerlo, salud gratuita, educación gratuita, trabajo, para que puedas tener cada día tranquilidad, salud, qué vestir, qué comer y las herramientas necesarias para afrontar la vida.

Narciso Weiss

Deuteronomio 17,14-20