Sábado 13 de julio

 

Si alguno de ustedes está afligido, que ore. Si alguno está contento, que cante alabanzas.

Santiago 5,13

¿Qué hacemos cuando estamos afligidos, preocupados, amargados o desesperados? ¿Oramos? ¿O nos quejamos, lamentamos y bus-camos a quién culpar?

¿Y cuando estamos contentos, cómo lo expresamos? ¿Cantando?

¿O exteriorizamos nuestra alegría de otras formas?

El apóstol Santiago aconsejaba a sus lectores a dar rienda suelta a sus diferentes estados de ánimo. Y les recomendaba presentar a Dios en oración los motivos de angustias y de preocupaciones. Esto implica poner en palabras los sentimientos y presentarlos en forma espontánea en un diálogo con Dios. Para ello no alcanza con recurrir a alguna plegaria aprendida de memoria, sino que podemos exponer nuestras necesidades y nuestros sufrimientos con nuestras propias palabras delante de Dios. Y, así también, cuando estamos contentos, nos permite expresar nuestra alegría a través de la melodía de alguna canción o de un himno. Dice una frase atribuida a San Agustín: “El que canta ora dos veces”.

Muchas personas en nuestro tiempo han perdido el hábito de orar y de cantar, o consideran que es tarea de especialistas. He escuchado a personas decir: “ore usted por mí, porque sé que a usted Dios lo escu-cha”. Sin embargo, Jesús nos enseña que todos podemos hablar con Dios con la misma confianza que un niño con su padre o con su madre. También hay personas que erróneamente consideran al canto como un arte, privilegio de pocas personas, que posean técnica y afinación.

Es hermoso cantar y orar en comunión con otras personas en el culto o en una reunión, pero también lo es cuando compartimos con Dios en forma personal nuestras alegrías y aflicciones.

¡Oh, qué amigo nos es Cristo! Él llevó nuestro dolor, y nos manda que llevemos todo a Dios en oración. Si vivimos desprovistos de paz, gozo y santo amor, esto es porque no llevamos todo a Dios en oración. (Canto y Fe Nº 215)

Bernardo Raúl Spretz

Santiago 5,13-20