Sábado 14 de julio

Les aseguro que el Hijo de Dios no puede hacer nada por su propia cuenta; solamente hace lo que ve hacer al Padre. Todo lo que hace el Padre, también lo hace el Hijo.

Juan 5,19

Desde pequeños queremos hacer lo que vemos que hacen los “grandes”. Es muy simpático ver como los chiquitos si estamos amasando quieren amasar, si estamos martillando quieren martillar, si estamos barriendo quieren barrer.

Aprendemos viendo. Aprendemos imitando.

Y esto nos hace preguntarnos:

¿A quién miramos? ¿A quién imitamos? Y está bueno que te fijes entonces como quién educo a mis hijos, como quién trabajo, como quién amo.

Juan nos dice que en el principio la Palabra estaba “vuelta” hacia Dios, podríamos decir, su mismo ser de Hijo es estar con la mirada fija en el Padre. Mirada llena de amor, mirada llena de admiración.

Del mismo modo, nosotros estamos llamados a vivir como él, con la mirada fija en él, como él la tiene en su Padre. Mirar al Hijo, admirar al Hijo, amar al Hijo. Para aprender a ser hijos, para que se restaure en nosotros la imagen que el Padre ha puesto en nosotros. Para recordar cuál es el sueño de Dios para con nosotros.

Y podemos preguntarnos también a quién miran nuestros hijos, a quién imitan nuestros hijos. ¿A nosotros? Seguramente. ¿Y a quién dejamos que imiten?

Remar contra corriente es un deporte en que nos entrenamos los cristianos desde hace siglos.

Señor Jesús, que mis ojos nunca se aparten de ti. Que imite tus gestos, tu entrega, tu amor hasta el extremo. Que los que me miren te vean a ti.

José María Soria 

Juan 5,9b-18