Sábado 15 de junio

 

La bendición del Señor es riqueza que no trae dolores consigo.

Proverbios 10,22

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Si eso fuera así, todos deberíamos creer en Dios, sin vueltas y sin temores. – ¡Pero…!

¿Por qué sucede que, de vez en cuando, tememos entregarle a Dios todas las llaves de nuestra vida? Es como aquel que hace limpieza en su casa y se deshace de todo lo que no es limpio ni bueno delante de Dios…, pero en un cajoncito de la cómoda tiene revistas pornográficas, o directamente las mira en internet. Él sabe que no está limpio y que puede pedir a Dios que lo limpie de esas cosas…, pero…, no se anima.

¿Tiene miedo de que Dios vendría a estar muy cerca, demasiado cerca de él?

¿Teme que Dios le controle todo lo que hace y deja de hacer si se entrega totalmente?

La bendición de Dios no “aplasta” a nadie. Libera del temor, del miedo de Dios, porque nos guía por caminos nuevos, nos da nuevo empuje… ¡pero…!

¡Sí! Dios también tiene sus ¡PEROS!

  1. Tenés que pedirle que él se haga cargo de guiarte. Simplemente pedile con tus palabras, por ejemplo: “Librame, querido Dios, de todo lo que te molesta en mí. Dame valor para que no tenga miedo de tu inter-vención en mi vida. Bendecime para que cada día pida nuevamente tu ayuda para poder recibir tu amor.”
  2. Este amor es la base del evangelio de Jesucristo. Por eso el cris-tianismo no se puede imponer a la fuerza, ni a los golpes o cosa se-mejante. Cristo quiere que nos decidamos en total libertad a creerle y pedirle que haga de nuestra vida algo valioso y lleno de alegría.

Es por eso que hay tantos cristianos que viven felices de pertenecer a Cristo porque les regala libertad de decidir y hacer, porque hacia eso él nos guía. ¡Amén!

Winfried Kaufmann

Proverbios 10,22-32