Sábado 16 de febrero

 

Al mismo tiempo quiso dar a conocer en nosotros la grandeza de su gloria.

Romanos 9,23

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“¿Cómo es que Dios también se fija en ellos cuando yo me esmero tanto para estar bien con Dios?” Estos celos entre cristianos son tan comunes y se repiten tanto a lo largo de la historia que es increíble cuánta verdad tiene la escritura sobre qué es el ser humano y cómo se comporta. La causa de los celos es que, en definitiva, lo que fuere que uno sea o haga o haya logrado en la iglesia se termina usando para querer ser más que los otros. De este modo, personas respetadas por su compromiso con la iglesia terminan mostrando la hilacha. Encima, como si esto no fuera suficiente, terminan enojadas con Dios y reclamando a la Iglesia porque sienten que es injusto que se defienda a aquellas personas que son discriminadas por ellos.

Oremos: Amado Dios, ayúdame a estar siempre alerta y aprovechar cada experiencia de mi vida para fortalecerme junto a mi comunidad en el amor de Cristo, pensando siempre lo mejor de los demás, poniendo siempre lo mejor de mí, y poniendo por encima de todo tu amor, porque ese amor me hace mejor persona y nos hace bien a todos por igual, aunque a cada uno nos desafíe de manera distinta. ¡Gracias porque la alegría y el gozo es de todos junto contigo, y no de uno a costa de los otros! Amén.

Yo quiero ser, Señor, amante como el barro en manos del alfarero. Toma mi vida, y hazla de nuevo, yo quiero ser, yo quiero ser, un vaso nuevo. (Canto y Fe, Nº 268)

Jorge Weishein

 

Romanos 9,14-29