Sábado 17 de marzo

Mi mandamiento es éste: Que se amen unos a otros como yo los he amado a ustedes.

Juan 15,12

 

Me has amado, Señor,

desde el mismo instante

en que con ternura me miraste;

me has amado ¡tanto!

Genuino y profundo

ha sido tu amor,

tanta fue la entrega

que encontró una cruz

en su camino

una corona de espinas como cetro.

 

Y, ahora, Señor,

me ordenas que yo ame

me mandas a darme por entero

que tu amor para con el mundo

sea la medida de mi amor

para con mi hermano

amor jugado y comprometido

amor compartido y ofrecido.

Y me pesa amar, Señor,

como me pesa

la vida vivida sinsentido

¿amar a quién?, pregunto,

amar al otro, al diferente,

al distante.

 

Permite que en mi vida, Señor,

se refleje un poco

de tu misericordia y de tu amor.

Que pueda amar a mi enemigo,

a quien me odia,

a quien me maldice,

a quien me insulta.

Que sea tierno, Señor,

atento y compasivo,

sensible a toda necesidad

de mano siempre abierta;

como lo fuiste Tú,

como lo es mi Padre.

 

Que mis pies

multipliquen tus pasos

que tus palabras

sean multiplicadas en mis labios

que mis manos

multipliquen tu abrazo

que mi amor sea

amor multiplicado.

 

Que tu amor

me permita amar, Señor,

que pueda perdonar sin condena,

que pueda dar sin medida.

Que mi amor sea tan profundo

como el de aquella que derramó

perfume sobre tus pies, Señor,

para que a su vez yo pueda

enjuagar con mis lágrimas

los pies de aquellos

que deambulando marchan;

y, si no puedo amar sin medida,

que la medida de tu amor

sea la mía.

Que pueda amar siempre, Señor,

como tú me has amado.

David Juan Cirigliano

Juan 15,9-17