Sábado 23 de noviembre

 

Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron. Les aseguro que todo lo que no hicieron por una de estas personas más humildes, tampoco por mí lo hicieron.

Mateo 25,40.45

Cuando Dios preguntó a Caín por su hermano Abel – después de que Caín lo matara-, éste entendió que no era el guarda de su her-mano: “¿acaso es mi obligación cuidar de él?” (Génesis 4,9).

Tuve hambre y (no) me dieron de comer; tuve sed y (no) me dieron de beber; anduve como forastero y (no) me dieron alojamiento; estuve sin ropa y ustedes (no) me la dieron; estuve enfermo y (no) me visitaron; estuve en la cárcel y (no) vinieron a verme.

Qué triste debe ser llegar a viejo, con el alma y las manos sin gastar, qué triste integridad la del pellejo que nunca se jugó por los demás.

Qué triste debe ser tener de todo, si hay tantos que se venden por un pan, qué triste soledad de cualquier modo, la que nace de la desigualdad.

Por eso estoy aquí cantando, por eso estoy aquí soñando. Con el hombre feliz, el hombre nuevo, el hombre que te debo, mi país.

Qué lindo que es tender siempre la mano y saber que es posible la amistad, qué lindo procurar para mi hermano lo mismo que procuro yo alcanzar (…)

(Canto: Qué triste y qué lindo, letra y música de Julián Zini)

Pedro Kalmbach

Mateo 25,31-46

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