Sábado 29 de abril

 

 

Ustedes han muerto con Cristo y ya no están sujetos a los poderes que dominan este mundo. ¿Por qué, pues, viven como si todavía fueran del mundo, sometidos a reglas tales como: No toques eso, no comas aquello, no lo tomes en tus manos?

Colosenses 2,20-21

Jesús había dicho a sus discípulos que están en el mundo pero no son del mundo. A su vez, el Apóstol Pablo escribe a los colosenses: Ustedes han muerto con Cristo y ya no están sujetos a los poderes que dominan este mundo.

La petición mas líbranos del mal, que Jesús nos enseñó en la oración del Padrenuestro, nos permite interpretar mejor la afirmación de nuestro texto al señalarnos el mal como lo central, de cuanto debemos tomar distancia para estar libres en nuestras decisiones como hijos de Dios.

Los colosenses, en su joven comunidad de fe seguramente se debatían entre las interpretaciones del Evangelio para la vida nueva en Jesucristo que -junto al Bautismo- recibieron de los apóstoles, y la fuerte legalidad que aún los aturdía desde su reciente pasado religioso.

En otro momento de su ministerio, el Apóstol Pablo había puntualizado que ahora son nuevas criaturas y las cosas viejas pasaron…, y todo es hecho nuevo. Ahora, el apóstol les recuerda que en el Evangelio su vida como hijos de Dios transcurre desde una nueva verdad: su fe en Cristo Jesús. Una fe que se sustenta en el acercamiento del Padre eterno mediante su Hijo Jesucristo, quien cargando nuestras debilidades y males nos hace libres y agradables si creemos en él.

Esto vale para nosotros, nuestras iglesias y comunidades de fe en la actualidad, donde cuesta mucho liberarse de los poderes del mundo. Hoy queremos aceptar que sabemos cumplir preceptos que muchas veces ofrecemos como nuestra mejor propuesta de fe. Frente a ello, nuestro pasaje nos recuerda que la única verdad para nosotros es todo cuanto proviene de Jesucristo.

Oremos, pidamos y busquemos, para que nuestro caminar desde la fe sea a la luz de Dios. De la luz que vino al mundo en Jesucristo. Señor, necesitamos comprender que nacimos a la nueva vida. Enséñanos a confiar que en ti lo podemos. Amén.

Ernesto Weiss

Colosenses 2, 20 – 23