Sábado 3 de agosto

 

Jesús lo tocó con la mano, y dijo: -Quiero. ¡Queda limpio! Al momento, el leproso quedó limpio de su enfermedad.

Mateo 8,3

La historia de la sanación del leproso inaugura la sección que cuenta los hechos de Jesús, después de haber desarrollado en un amplio trayecto, las enseñanzas. Ahora Jesús, el Mesías, se muestra con toda su fuerza y su poder divino. Comienza a verse en hechos la divinidad del maestro, que antes enseñaba con mucha autoridad.

Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo quieren la salud, la limpieza y la vida. Así como era al principio en la creación perfecta. Con los hechos Jesús vuelve a instaurar ese mundo perfecto que existió antes de la caída. Los que creen en él, los bautizados y sus seguidores son partícipes de este nuevo reino que se instaló con su venida. Un reino basado en una nueva posibilidad.

Jesús, a partir de esta curación, se muestra como el sanador venido al mundo para que la salud sea una parte visible del nuevo mundo.

El concepto de “terapeuta” engloba muy bien a Jesucristo en su rol sanador.

“Un terapeuta es aquella persona que sirve, que presta servicio, que cura, que tiene cuidado, honra, presta cuidados médicos y trata a un paciente”. (*)

Jesucristo está a nuestro servicio para que la nueva creación se haga realidad entre nosotros. Nos hace parte de esta nueva posibilidad al morir por nuestros pecados. Somos parte de esta realidad que nos quiere limpios, sanos y curados a partir de nuestro bautismo. De nosotros depende aceptarlo como nuestro sanador y hacernos sana-dores como personas, como comunidades y como iglesia.

Waldemar von Hof

  • von Hof, Waldemar, “Las celebraciones litúrgicas sanan”. Ed del autor, 2016, pág. 23

Mateo 8,1-4