Sábado 3 de noviembre

 

Entonces se me ordenó: «Tienes que volver a profetizar acerca de muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes».

Apocalipsis 10,11

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¡Profetas y profetisas se buscan!

Que ofrezcan el corazón abierto, desbordando misericordia, sin pedir nada a cambio.

Profetas y profetisas que no teman, que no se escondan, que no huyan, que no se dejen comprar, que griten aun cuando nadie les oiga…

El viento sabrá llevar su mensaje por los rumbos de Dios.

¡Profetas y profetisas se buscan!

Necesitamos sus voces sacudiendo tanta hipocresía, desnudando falsedades y nombrando sin medias tintas los pecados que atentan contra la plenitud de la vida.

Necesitamos sus manos señalando a los corruptos, a los traidores, a los asesinos, a los verdugos de los humildes,

a los carceleros de los derechos humanos y de la libertad,

a los que sostienen modelos económicos que traen muerte.

Necesitamos sus ojos fijos en quienes se ríen del dolor de sus prójimos y prójimas,

de quienes se visten con la sangre de sus víctimas.

Necesitamos que no dejen de mirarlos para que sepan que los conocemos: los señores del capital, los de las semillas transgénicas, los de los venenos, los de los muros y las cercas, los de las guerras, las armas, las bombas, las invasiones.

los de los discursos misóginos, los fundamentalistas del odio,

los que destruyen la casa común que habitamos sin pudor alguno.

Y necesitamos también sus pies…

Sus pies marcando caminos nuevos que nos mantengan vivas las esperanzas, que nos animen a seguir andando con fe hacia nuevos horizontes, hacia lugares donde algún día sean posibles

la paz con justicia y la armonía con equidad entre las gentes.

¡Profetas y profetisas se buscan!

Que nos regalen sus vidas dispuestas a seguir soñando,

cual locas y locos, en otros mundos posibles,

esos que Dios aún anhela para sus hijas e hijos.

¡Profetas y profetisas se buscan!

Gerardo Oberman

Apocalipsis 10,1-11