Sábado 7 de julio

Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos.

Oseas 14,4

Millones de personas han experimentado que los textos de la Biblia les hablan de manera directa y personal. Se sienten apeladas, llamadas, interpeladas, desafiadas; también consoladas, fortalecidas, perdonadas y salvadas por el Señor mismo que habla a través de esos textos. Esos textos fueron escritos hace dos y tres mil años. Nos separa un enorme abismo de tiempo de aquel momento.Entonces, ¿cómo es posible esta comunicación entre Dios y nosotros hoy a través de la palabra de la Biblia?

Hoy tenemos un texto del profeta Oseas, que vivió hace más de dos mil setecientos años. Sin embargo, puede llegar a transmitirnos la palabra de Dios como si estuviera dialogando directamente con nosotros.

Ese contacto prácticamente personal es posible porque los autores bíblicos, inspirados por Dios, hablan sobre los grandes temas que siempre preocuparon y preocuparán a la humanidad: la vida, la enfermedad, la salud, la violencia, la necesidad de paz, el deseo de una convivencia sana, los conflictos humanos, la muerte, la esperanza, el pecado en todas sus formas, el abandono, el perdón, la fidelidad, la posibilidad de la restauración del ser humano, la fe, el amor. Al mismo tiempo, transmiten la respuesta de Dios a las grandes preguntas que nos conmueven.

Oseas también habla de varios de estos temas. Su libro concluye con una profecía de salvación. Es una extraordinaria visión llena de imágenes vegetales que hablan a los sentimientos: rocío, lirio, raíces, ramas, olivo, perfume, sombra, trigo, vid (Oseas 14,2-10). Esto muestra la profunda fe del autor que se expresa bajo la forma de una liturgia de arrepentimiento, con un claro centro que es la Palabra, tanto la de Dios como la de los fieles en oración. A veces habla el profeta, otras habla Dios mismo, después los fieles. Una atmósfera de culto envuelve todo el texto; de un culto hecho de sinceridad, gracia, entrega, espiritualidad, diálogo auténtico, sin “adornos” ni falsedades. Siglos después de Oseas, Jesús lo dirá con estas palabras: Dios es Espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad (Juan 4,24).

René Krüger

Oseas 14,2-10