Sábado 8 de agosto

 

No tengas miedo; cree solamente.
Marcos 5,36

Hay un Jairo en algún lugar pidiendo por la salud de un ser querido, también hay una mujer en la calle esperando ser sanada. ¡Cuántas veces hemos sido Jairo rogando al Señor que obre un milagro de sanidad, colocando su mano sobre nuestro ser querido enfermo!

¡Cuántas veces hemos sido esta mujer deseosa de tocar el manto de Jesús para lograr ser sanada! Hay un Jairo y una mujer en cada uno de nosotros.

Muchas veces la voluntad de Dios no ha sido la nuestra. Algunos han recibido la noticia de una cruel enfermedad que les ha arrebatado a un ser querido. Pero la voz de Jesús nos sigue diciendo: “No tengas miedo, cree solamente”.

Seguimos sin comprender el por qué de la situación, pero recordemos que los planes de Dios son mejores que los nuestros. No debemos olvidar que tanto en la vida como en la muerte del Señor somos.

Aunque el mundo parece desmoronarse a nuestro alrededor, la voluntad de Dios sigue prevaleciendo, aunque no la entendamos. Su

propósito siempre lo cumple; Dios permanece a nuestro lado tanto en la enfermedad como en la muerte. ¡Cuántas veces hemos tocado el manto de Jesús con nuestras súplicas y oraciones y hemos tenido la sanidad de nuestra alma sin darnos cuenta!
Jesús descubre nuestra fe, cuando sale poder de él y nos restaura. Es un milagro cuando cada día hablamos con el Señor y podemos escuchar esa voz que nos dice: “Muchacha, a ti te digo, levántate” y “no tengas miedo, solamente cree”.

Amalia Elsasser
Marcos 5,35-43