Sábado 9 de enero

Todos hablaban bien de Jesús y estaban admirados de las cosas tan bellas que decía. Se preguntaban: “¿No es éste el hijo de José?”

Lucas 4,22

Con grandes expectativas Jesús fue esperado en el pueblo de Nazaret. En Cafarnaúm Jesús ya era un personaje famoso por su enseñanza y sanaciones milagrosas. ¿Qué se puede esperar de él en su pueblo? Muchos fueron a la sinagoga para escuchar a este personaje. Cuando Jesús predicó se quedaron maravillados, sorprendidos. Este hijo de José y María habla con tanta sabiduría: ¡qué maravilla!

Jesús habló de la gracia de Dios y despertó en la gente el deseo de ver hechos que confirmen las promesas de Dios, tal como se había escuchado de Cafarnaúm.

Estar maravillados por las palabras de Jesús no demuestra fe en él. Jesús no quiere ni maravillados, ni impresionados por su sabiduría, sino seguidores. Jesús busca gente que proclame con él el Reino de Dios con palabras y actitudes.

La gente en Nazaret, que conocía a Jesús en su niñez y juventud, sabía mucho de él, y por eso les resultaba difícil confiar en él.

Están maravillados por sus palabras, pero también exigen ver las maravillas. Cuando Jesús se niega y critica su falta de fe, la gente de Nazaret se enoja y quieren arrojarlo desde el cerro. Pero Jesús pasa entre medio de ellos.

Así el evangelista Lucas da testimonio no solamente de este hombre de Nazaret, sino del Cristo crucificado y resucitado.

Te pedimos, Señor Jesucristo, que no ignoremos tu palabra, ni que nos dejes solamente maravillados, sino que muevas nuestra mente, cuerpo y corazón a seguirte.

Danos la certeza que nos llevarás junto a tu iglesia y tu reino a la plenitud. Amén.

Günter Kreher

Lucas 4,22-30

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