Sermón sobre Lucas 15:1-3.11-32, por Mónica Hillmann

 

Gracia y paz de parte de aquel que era es y ha de venir

El texto para la meditación de este día, lo encontramos en Lucas 15:1-3.11-32 (lectura Reina Valera)

«Senor, permítenos concentrarnos en estos momentos para escuchar lo que tienes para decirnos hoy»

Un Viejo y conocido texto por la mayoría de nosotros, quién no lo escuchó alguna vez en la Escuela bíblica o en algún culto?

Dos hijos, de los cuales uno le pide al padre lo que le corresponde su herencia: «ya especulando con el dinero que tendrá seguramente cuando muera su padre. Imposible de creer» dijeron algunos. Este hijo recibe lo que le corresponde y se va lejos para gastar el dinero: «Ya decía yo que este joven iba a ser la perdición para su padre. Este trabajó toda su vida para que sus hijos tengan lo mejor y aquel malgasta el dinero sin importarle nada, todo el esfuerzo puesto en estos anos. Una vergüenza para la familia!» Se escucha decir a uno. Mientras tanto el otro hermano se quedó con el padre, trabajando de sol a sol «Este si que le salió derechito, ayuda a su padre en las tareas del campo como corresponde.»Comentan algunos.

Después de un tiempo el hijo que se había ido regresa con las manos vacías, a la casa de su padre, irreconocible para muchos: «Ese vagabundo que apareció el otro día en la ciudad, resultó ser el hijo de Don José, aquél que le había pedido lo que le correspondía de la herencia. No tuvo vergüenza aquella vez y menos ahora! Donde se ha visto regresar a su casa para que lo ayuden después de lo que hizo!.». El Padre lo reconoce desde lejos, lo recibe con los brazos abiertos y hace una fiesta en su honor: «Te enteraste lo que hizo Don José? Para mí está un poco loco o es un tonto. Recibió al hijo que avergozó a toda la familia con bombos y platillos. Yo le hubiese echado en cara que es un sinvergüenza, después de todo lo que hizo vuelve para que le den otra oportunidad. Lo mandaría de vuelta con las manos vacías, a nadie le regalan las cosas, que trabaje de sol a sol, que se gane la vida con el sudor de su frente». Mientras tanto el otro hijo se enoja ante la actitud de su padre: «Está bien lo que hizo el otro hijo, es necesario patalear un poco para que a uno no lo pasen por encima, para que un vivo venga y ocupe nuestro lugar»

Natalia era una chica muy activa en su comunidad. Por esas cosas de la vida se enamoró, pero sus padres no le permitirían vivir ese amor, «sos joven todavía, hay tiempo» «primero está el estudio». Igualmente, cada vez que podía se encontraba con Emanuel. «Tenemos que hacer un trabajo en grupo» «a Soledad le cuesta matemática y yo la ayudo»solía decir.

Pasó el tiempo y un día se encontró con un miembro de la comunidad que la había visto con este chico, «cómo le vas a hacer esto a tus padres…» Natalia salió corriendo, nadie la volvió a ver. La familia, los amigos, los vecinos la buscaban desesperados. Pasaron dos semanas y se enteraron que había sido atropellada por un tren. «Antes que avergonzar a mi familia, me tiro bajo un tren» había dicho una vez al pasar.

Nuestra vida en sociedad está enmarcada por leyes establecida tiempo atras, y también por normas culturales, religiosas, sociales…implícitas pero siempre presentes. Con ellas organizamos nuestras vidas, para relacionarnos sanamente con los demás, pero también con ellas miramos bajo la lupa a los otros, controlamos lo que hacen o no, sea consciente o inconscientemente. Entre los últimos, se encontraban los fariseos y sacerdotes del tiempo de Jesús.

Este texto de Lucas que tenemos para la meditación de hoy, se encuentra en medio de una serie de parábolas y palabras que Jesús intercambia con este grupo, o con los publicanos y pecadores, los que estaban «fuera de la ley», pero entre los cuales siempre se encontraba algún espía de los fariseos para ver lo que hacían estos «descarriados» y también para controlar a Jesús, había que encontrar algo que justifique su arresto, estaba causando varios inconvenientes y encima tenía el apoyo de gran parte del pueblo.

La ley, las normas estaban en primer lugar, Y la vida? Y el otro como persona? En que lugar se encontraban? O mejor dicho, eran consideradas?

Fuera de la ley, fuera de la sociedad, fuera de la vida? Quien puede cumplir con tantas exigencias? No hay una segunda oportunidad cuando uno no hace bien las cosas?

Jesús estaba rodeado por publicanos y pecadores, por los excluídos por la sociedad. El no los condenaba, no les exigía nada, solo les hablaba de otra manera de vivir, de la Vida, de las relaciones en el Reino de Dios…

Los que lo oían, se acercaban a él conscientes o no, de que no podían avanzar solos por la vida, el peso de la condena de la sociedad sobre sus espaldas, era demasiado…En Jesús encontraban una nueva oportunidad: segunda, tercera, cuarta…Era un boron y cuenta nueva, como si dijera «Lo que pasó ya pasó, hay un camino Nuevo ante ti, es cuestión de que te animes a caminarlo»

Estamos en un tiempo de camino hacia la cruz; tiempo de caminar junto a los exluídos de la sociedad; tiempo que conduce a una nueva vida; tiempo de tomarnos de las manos y darnos una oportunidad para caminar juntos; tiempo de encontrarnos con la Vida y celebrala.

Hay quien nos recibió y nos recibe a cada momento y especialmente en los difíciles, con los brazos abiertos, que celebra con nosotros la vida, porqué no celebrarla también con los demás?

«Dios ayúdanos a comprender que las relaciones con los otros se fundamenta en el amor»

Amén.

Mónica Hillmann

Tomado de: http://www.predigten.uni-goettingen.de/predigt.php?id=97&kennung=20070318es

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