Sermón sobre Mateo 24: 36-44, por Enzo Pellini

 

Reciban ustedes bendiciones y Paz de parte de Dios el que era, el que es y el que ha de venir.

Estimados hermanos y hermanas:

Este domingo nos marca un nuevo comienzo. El comienzo de un año nuevo. Es un poco difícil percibir en éste nuestro mundo ya de gran cuño secular que, precisamente en esta fecha una nueva etapa comienza, pero se trata del año nuevo de la iglesia. Y la novedad consiste en que un nuevo y repetido ciclo se nos aproxima. Desde tiempos primitivos se observaba este período que, comienza con el presente domingo llamado del Adviento (Venida). Es más, hasta durante este tiempo se hacía ayuno y otras formas de austeridad para promover a la reflexión y a la devoción.

Este tiempo de Adviento que hoy comienza es un tiempo de ansia pero también de esperanza que nos invita a abrir nuestro corazón a Dios. El Adviento y la Navidad que llegará luego pueden otra vez entibiar nuestro corazón que a menudo pueda estar endurecido y enfriado por el agitado ajetreo de la vida diaria que nos toca vivir en este mundo.

Un texto en especial nos acompaña en este domingo que se desprende del Evangelio de Mateo. Texto este que tiene que ver con retorno y expectación de nuestro Señor Jesucristo. ¿Qué habrán esperado los cristianos de la época del Evangelio de Mateo?, un nuevo tiempo, el reino de Dios, el juicio final, la presencia misma de Dios por medio de Jesucristo…

Una buena pregunta en este domingo para cada uno de nosotros podría ser: ¿Qué esperamos nosotros al centrarnos en la segunda venida? Pues es esa precisamente la naturaleza de nuestra celebración y tiempo de Adviento.

Tres palabras claves se nos presentan a partir de la lectura de este Evangelio para este domingo. Tres palabras que nos darán la comprensión de la sección escogida y nos ayudarán en la reflexión en este día de reposo: desconocimiento, preparación, y juicio.

Cuando hablamos de desconocimiento pensamos en que cada uno de nosotros ignoramos cuáles son los planes de Dios aún para el día de mañana. Desconocimiento en el sentido que muchas veces creemos que tenemos el control absoluto sobre nuestras vidas. Planeamos nuestra vida, con estudios, proyectos de trabajo especiales, distintas formaciones, metas a futuro lejano. Aún existen muchos cristianos que, llegan a preocuparse por su futuro y sus planes diversos no pudiendo siquiera vivir su vida con contentamiento. Desconocimiento pues no sabemos que, será de nuestra vida mañana, y desconocimiento pues no sabemos siquiera cuándo vendrá el Señor.

Cuando hablamos de preparación, esto implica preguntarnos si de veras estamos preparados ante el encuentro cara a cara con el Señor Jesucristo que, vendrá a juzgar a los vivos y los muertos como confesamos dominicalmente en nuestro Credo. ¿Hay un momento diario en nuestras vidas donde tenemos en cuenta esta perspectiva? Seguramente que, esto sea difícil, pues anhelamos la vida, amamos vivir, trabajar, planear y aún hasta gozar de esta tierra que Dios nos regaló, pero sin perder esta perspectiva y que, no debe ponernos ansiosos sino sólo expectantes.

Cuando hablamos de juicio, ahí se presenta incluso para muchos cristianos una dificultad. Piensan en que es difícil por un lado que un Dios de Amor pueda venir con juicio. Y por otro lado pensamos quien podrá hallarse justo en aquel formidable momento. A este respecto debemos saber que, Dios no deja ser Amor por depararnos un juicio. Hay mucha gente en este mundo que clama por justicia. Hay mucha gente en nuestro planeta que vive en la injusticia, sea social, económica, de poder, relegados de todo tipo de justicia. Es bien sabido que hay sectores en nuestro mundo que viven en una injusticia integral comparados con otra parte de nuestro mismo mundo. Ellos claman hoy justicia, con mayúscula. Dios hará justicia efectivamente con ese juicio. Por otro lado Dios no deja de ser Amor por permitir un juicio. El nos está esperando, quiere salvarnos, no por nuestros méritos sino por nuestra fe. El quiere tan sólo nuestra entrega aún con una obediencia imperfecta, pecaminosa. Esa es la única condición para ser hallados justos en ese juicio. Pensemos en esta oferta de Dios a diario. Hay muchos cristianos que se preocupan por el juicio. No debieran hacerlo si de veras con fe le han aceptado y con confianza pueden vivir.

El Adviento nos recuerda que pronto en un día vendrá nuestro Señor y se presentará delante de todo el mundo. La fe nos fortalece hacia el encuentro con ese día crucial de la salvación del Señor que pronto viene.

Amén.

Pastor Enzo Pellini

Fuente: http://www.predigten.uni-goettingen.de/