Sermón sobre Mateo 26:14-29, por Eugenio Albrecht

 

14 Entonces, uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes 15 y les dijo:
—¿Qué me quieren dar? Y yo se los entregaré.
Ellos le asignaron treinta piezas de plata; 16 y desde entonces él buscaba la oportunidad para entregarlo.
17 El primer día de la fiesta de los Panes sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús diciendo:
—¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer la Pascua?
18 Él dijo:
—Vayan a la ciudad, a cierto hombre, y díganle: “El Maestro dice: ‘Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos’ ”.
19 Los discípulos hicieron como Jesús les mandó y prepararon la Pascua.
20 Al atardecer, él estaba sentado a la mesa con los doce 21 y, mientras comían, dijo:
—De cierto les digo que uno de ustedes me va a entregar.
22 Entristecidos en gran manera, comenzaron a preguntarle uno por uno:
—¿Acaso seré yo, Señor?
23 Entonces respondiendo él dijo:
—El que mete la mano conmigo en el plato, este me entregará. 24 A la verdad, el Hijo del Hombre va, tal como está escrito de él[a]. Pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado el Hijo del Hombre! Bueno le fuera a aquel hombre no haber nacido.
25 Y respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo:
—¿Acaso seré yo, Maestro?
Le dijo:
—Tú lo has dicho.
26 Mientras ellos comían, Jesús tomó pan y lo bendijo; lo partió y lo dio a sus discípulos, y dijo:
—Tomen; coman. Esto es mi cuerpo.
27 Tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio diciendo:
—Beban de ella todos; 28 porque esto es mi sangre del pacto, la cual es derramada para el perdón de pecados para muchos. 29 Pero les digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid hasta aquel día cuando lo beba nuevo con ustedes en el reino de mi Padre.

Vamos a tomarnos este rato para pensar cuáles son nuestras prioridades, cuáles las prioridades de Dios. ¿De qué modo coincide y divergen nuestras prioridades con las de nuestro Dios?

Podemos encontrar definiciones, tales como:

– Precedencia o superioridad de una cosa respecto de otra

– Ventaja o preferencia que una persona o cosa tiene sobre otra: “este asunto tiene absoluta prioridad”.
Cosa que es más importante que otra o tiene ventaja sobre ella: “una de las prioridades de las personas es el bienestar”.

Hablar de prioridad es hablar de criterios a través de los cuales seleccionamos lo que consideramos importante, de lo que consideramos no necesario. Cuando priorizamos, elegimos una cosa por sobre otra, a veces de modo consciente y otras tantas de modo inconsciente, sin embargo expresamos claramente lo que creemos y lo que entendemos de la vida.

Nuestras listas de prioridades hablan claramente de nuestra identidad y de nuestro adn.

Si miramos de reojo nuestro texto nos encontramos con Jesús con sus discípulos, frente al claro panorama de que sus días estaban llegando a su fin y vendría la hora de tener que ir con su padre. Está reunido con sus discípulos en un momento de profunda comunión, pero también de mucha contradicción.

Reunídos Él Señor les dice que uno de ellos le iría a traicionar y lo iría a entregar. Luego de algunas preguntas y una rápida ronda en la cual los discípulos se sintieron extrañados frente a lo que Jesús estaba diciendo:

¿Cómo es posible que alguien pueda traicionar a otro y olvidar lo vivido y lo compartido?. Aún hoy es posible!

De repente la mirada se centra en Judas, que le pregunta si sería él. Lo hace seguramente con pleno conocimiento de lo que estaba sucediendo. Hasta podemos imaginar el rostro de Judas frente a Jesús.

En esa pregunta de Judas se sintetiza su lista de prioridades en ese momento de su vida. Su prioridad eran solo las monedas de plata frente a todo lo que ya había podido recibir del maestro. Una vida muy rica junto a Jesús, dejada de lado por una prioridad.

A su vez también pone al desnudo nuestras prioridades.

Vivimos tiempos de mucho ímpetu en todos los sentidos, donde nos vemos tentados por una infinidad de ofertas y de cosas que nos gustan, que nos atrapan y de las cuales nos gustaría ser parte. Así como había tiempos en los que no había mucho para hacer, ahora no sabemos bien que elegir, debido a lo mucho que se nos ofrece.

La modernidad nos presenta un abanico de posibilidades y oportunidades y frente a esos ofrecimientos, pareciera que estuviera prohibido decir que no. Muchas de estas cosas se nos presentan como si fueran la única posiblidad de nuestra vida.

Se nos ofrece y nos gusta y por las dudas decimos que sí. Así a todo!

El problema se nos presenta después, cuando nos damos cuenta que el día tiene sólo 24 horas y entonces se nos presenta de modo claro, para cada uno de nosotros, las contradicciones en las que caemos.

Nos una generación que nos cuesta mucho el tema de establecer prioridades y cuando lo hacemos, quedamos en la duda: “¿Será que está bien?”, solemos decir.

Cuantas veces por ejemplo:

– Priorizamos el egoismo por sobre el llamado a servir.
– Priorizamos la mentira cómoda por sobre la verdad que nos hace libres. – Priorizamos las palabras fáciles sobre otros por sobre el acercamiento sincero y la corrección hermanada y de frente.
– Por sobre la vida de la comunidad priorizamos otras cosas.
– Priorizamos el lucro económico, por sobre el encuentro con Dios, con nuestros y con nuestros seres queridos.

Es una pena, porque al igual que Judas, terminamos perdiendo unas cuantas oportunidades que Dios cotidianamente nos ofrece.

Ya hablamos de la prioridad de Judas y ya hablamos de nuestras prioridades y cómo esto nos aleja tanto de Dios como de la comunidad.

Ahora bien, ¿Cuáles son las prioridades de Dios?

La Prioridad de Dios siempre somos nosotros, siempre son sus hijos y siempre es la vida. Recuerden aquel texto que dice que “Dios ha enviado a su hijo único, para que todo aquel que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”.

Esto se pone de manifiesto en nuestro texto una vez más. En este caso hasta produce escalofríos, porque apenas tuvo la confirmación de que sería entregado por uno de sus amigos, comienza a repartir el pan y la copa de su salvación. Aún da la posibilidad para aquel que su lista de prioridad no incluye comunión y encuentro, a que pueda reconciliarse. Lo hace sirviendo a sus amigos.

Mirándonos a nosotros, es una realidad concreta el hecho de que nuestro egoismo nos hacen perder de vista ciertas premisas importantes. Así como el propio Judas lo hizo.

Ese, que había optado mal Jesús incluso le ofrece de la misma copa del reencuentro. ¿Cómo no nos ofrecería también a nosotros?

¿Por qué lo hace?  Nos quiere fortalecer, para ayudarnos a que las prioridades de nuestras vidas sean más cercanas a su invitación cuando nos dice que somos suyos

Por eso, cuando tomamos la Santa Cena, no lo hacemos porque somos unos santos, sino que lo hacemos siendo conscientes que nos equivocamos y que le erramos en la lista de las prioridades. Pero hagámoslo pidiendo a Dios que nos ayude a tomar decisiones diferentes… y nos como un rito que nos habilite a seguir haciendo lo mismo.

En la comunidad tenemos una excelente posibilidad de revisar nuestras listas de prioridades. Tantas cosas podemos hacer por la comunidad y en la comunidad que Dios espera y sigue esperando.

Cuando nos sentimos perdidos, acudamos a Dios que siempre espera que volvamos a Él.

Siempre es bueno saber que hay una comunidad que nos espera y en la cual podemos buscar a este Dios que viene a nuestro encuentro.

Dios siempre espera que nosotros elijamos servir, amar, y ponernos a su disposición.