“Su vida, sí tuvo sentido”: crónica de la despedida al Pastor Pedro Kalmbach

 

Mucha comunión y emoción en la despedida al Pastor Pedro Kalmbach en el Cementerio Alemán de Chacarita. Foto: Eugenio Albrecht

BUENOS AIRES / Argentina | IERPcomunica – El viernes 10 de mayo más de doscientas almas juntaron sus manos, entre rostros acongojados y lágrimas que se enjugaban, dijeron adiós al Pastor Pedro Kalmbach, una de las personas más comprometidas con el presente de la Iglesia, que encabezaba varios proyectos y apostaba por una iglesia comprometida, capacitada, sencilla y dispuesta a dejarse transformar por cada una de las situaciones de quienes la integran. Así, fue la despedida al Pastor de la IERP Pedro Kalmbach, maestro, catequista, doctor en teología y que jamás se vanaglorió de su formación.

El silencio fue cortado cuando el Pastor Distrital Peter Rochón invocó la presencia de la trinidad y reconoció que “frente a su muerte sentimos un profundo dolor, una enorme pena y una gran desorientación”. Además, alertó que “mientras buscamos la misericordia, posiblemente nuestra voz se quiebre y nuestros ojos se humedezcan, pero seguimos buscando refugio y consuelo, porque creemos que la muerte no es el fin de todo”. Esto fue luego cantado a toda voz por quienes sin conocerse, fueron comunidad. Al mismo tiempo, la familia se abrazaba y se turnaban el uno para consolar al otro.

Pedro tenía muchas facetas, la teología, la educación, el deporte, la cerveza artesanal, los grupos de amigos y otras tantas que quienes leen esto podrán ir agregando a la lista. Eso mismo fue una de las cosas que destacó el Pastor Presidente de la IERP Leonardo Schindler, que recordó que “Pedro era un tipo de buen corazón: generoso, honesto y bien simple. Alguien que jamás se vanaglorió de sus títulos académicos sino que estaba convencido de que todas las personas tienen algo para enseñar, compartir y también aprender” y también hizo hincapié en la importancia que le dio a la pedagogía del oprimido de Paulo Freire “al que Pedro se refería en más de una oportunidad y cuyo método utilizó, no solo para su tarea docente, sino también para la vida”.

Las palabras del Pastor Presidente hicieron emocionar a muchos y entonces el coro entonó “Donna Nobis”, la gente se fue sumando y en el fondo una una joven reconoció que nunca le había costado tanto cantarla: “hermoso y tristísimo momento a la vez”, y no dijo más palabras. Cuando se abrió el espacio para expresarse, una de las que habló fue “Thea”, hermana de Pedro, que relató sobre la comunión de la familia, los encuentros y el dolor que están sintiendo porque “nadie imaginó estar hoy acá”.  Con toda razón dijo que él se fue en paz y por lo mismo repitió que “hay que buscar la paz entre unos y otros, siempre”.

Con el Padrenuestro, la comunidad fue invitada a “acompañarlo hasta su última morada”. Hubo otra vez silencio, miradas, mentones sostenidos por manos temblorozas y respiración profunda. Seis jóvenes se acercaron al ataúd, lo levantaron y comenzaron a andar, mientras que a sus pasos se fue haciendo de poco una hilera humana de unos tres metros de ancho, que terminó teniendo más de cien de largo. Al final, los peregrinos se detuvieron ante la fosa recién hecha, juntos rezaron el Credo y después de escuchar la frase “tierra a tierra, ceniza a ceniza, polvo al polvo”, volvieron a peregrinar frente al ultimo adiós a Pedro y como símbolo hicieron el gesto de arrojar tierra, como modo sencillo de apoyarse y comprometerse como comunidad dolida.

Entre las despedidas, los gestos de amor y las muchas palabras que les fueron dichas a Carla, a sus hijos ya toda su familia, quedó resonando que la muerte de Pedro puede no tener sentido, pero como expresa el título de estas líneas “su vida, sí tuvo sentido”. Y porque su vida ha estado repleta de sentido y valor es que habrá de cumplirse aquello que nosotros sabemos y en lo cual confiamos: que los hijos e hijas de Dios que generosamente se dan en favor de otros, no mueren, sino que viven para siempre.