Viernes 11 de mayo

 

 

Abraham esperó con paciencia, y recibió lo que Dios le había prometido.

Hebreos 6,15

La Biblia no es uno de esos libros que en varios pasos te pretenden guiar hacia el cumplimiento del sueño americano estilo cristiano: salud, riqueza y felicidad. En esos libros hasta el paso más pequeño parece un salto de astronauta: de la enfermedad a la salud, de la miseria a la riqueza, de la desgracia a la felicidad.

En la Biblia la promesa del Dios de Abraham, es decir el Dios de Jesús, marca los pasos. Allí, al ojo humano cada paso parece un paso pequeño, pero en efecto es un paso tan grande como lo fue para Abraham poner su pie fuera de la casa de su padre, fuera de la ciudad que conocía, fuera del país donde vivía. Lo incomprensible para el astronauta cristiano es lo siguiente: Para él la paciencia es solamente un medio para lograr su fin determinado. Pero para Abraham la paciencia se vuelve remedio. El primero quiere dejar de ser paciente, pero Abraham justamente llega a ser un paciente: alguien cuya vida depende de la justicia y fidelidad de Dios como marcapasos; en la enfermedad y en la salud, en la miseria y en la riqueza, en la desgracia y en la felicidad.

Lo dejo a tu criterio que es más fácil: soñar con ser astronauta o vivir en la certeza de esta promesa ya cumplida en la pasión y resurrección de nuestro Señor Jesucristo:

Yo he cargado con ustedes desde antes que nacieran; yo los he llevado en brazos, y seguiré siendo el mismo cuando sean viejos; cuando tengan canas, todavía los sostendré. Yo los hice, y seguiré cargando con ustedes. Yo los sostendré y los salvaré. (Isaías 46,3-4)                                             

Michael Nachtrab

Hebreos 6,9-20