Viernes 14 de diciembre

 

No se aprende a hacer justicia cuando se muestra piedad al malvado. Surge la maldad en el país de la rectitud, y deja de verse la majestad del Señor. Señor, tú has levantado la mano, pero tus enemigos no la ven; ¡haz que la vean y que se avergüencen los que envidian a tu pueblo! ¡Haz que el fuego los consuma!

Isaías 26,10-11

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En estos días en los EEUU dos asesinos han sido ejecutados mediante inyección letal. ¿Se les habrá hecho justicia?

Muchos están de acuerdo con castigar con dureza a los delincuentes. ¡Que se haga justicia!, es el reclamo después de haberse cometido un crimen.

El reclamo por justicia también suele aplicarse a Dios. “No es justicia mostrar piedad al malvado”, es el pensamiento en el pueblo hebreo en tiempos del Antiguo Testamento. Si Dios es justo debe haber justicia, o sea, castigo al pecador.

¡Qué difícil sería para Dios si tuviera que manejarse con nuestros conceptos de justicia. Es por eso que Dios aplica de manera muy diferente el castigo. Él será herido por nuestros pecados; ¡molido por nuestras rebeliones! Sobre él vendrá el castigo de nuestra paz,
y por su llaga seremos sanados.
(Isaías 53,5) El Nuevo Testamento entiende que es Jesús el que recibió todo el castigo para que nosotros podamos quedar libres de culpa ante Dios. Eso no lo podemos entender porque difiere totalmente de nuestra manera de ver las cosas. Solamente podemos aceptarlo como muestra del gran amor que Dios nos tiene.

Por eso, si alguna vez pasamos por dificultades, no las adjudiquemos a un presunto castigo de Dios. A veces los problemas ayudan a corregir actitudes, a hacernos más humildes.

Y por encima de todo está el inmenso amor de Dios que nos abriga y al que le podemos entregar todos nuestros problemas, nuestras dolencias y dificultades.

Dieter Kunz

Isaías 26,7-21