Viernes 15 de marzo

 

No tengan miedo. Es cierto que ustedes han hecho muy mal; pero ahora no se aparten del Señor, sino ríndanle culto de todo corazón.

1 Samuel 12,20

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La conciencia de haber actuado mal produce miedo. La confianza en la misericordia de Dios que valora nuestro arrepentimiento y “perdona nuestra la maldad y la rebeldía” (Números 14,18), elimina el miedo.

Las palabras de Samuel al pueblo son un llamado a la oración de confesión, contienen la exhortación al reconocimiento de las faltas cometidas.

Es absolutamente necesaria la mirada sincera que nos haga reconocer nuestro error, nuestro pecado, sólo así podremos buscar un camino nuevo.

Las de Samuel no son palabras de sentencia. No es un juez que menciona la falta y da a conocer la condena. Son las de un pastor que guía a su pueblo hacia la búsqueda de otros caminos una vez que ha reconocido su error. Y es verdaderamente un llamado a la oración de confesión porque no se queda en el lamento por el pasado, sino que llama a un futuro nuevo que es posible gracias al perdón. El perdón no es olvido, es potencialmente una nueva vida. Y a eso llama Samuel.

Rendir culto a Dios no es pagar por la expiación de nuestros peca-dos, es recibir gratuitamente el perdón que nos ha sido dado y actuar en consecuencia, dar frutos de arrepentimiento como pedía Juan el bautista. Rendir culto “de todo corazón” es llevar una vida de fe y obediencia a la voluntad de Dios sabiendo que su voluntad es nuestra salvación para una vida plena.

Aquel pueblo que se ha alejado de Dios una y muchas veces, encuentra en el reconocimiento, el arrepentimiento y el perdón un camino nuevo. También nosotros lo tenemos a disposición por el mismo amor inalterable del mismo Dios.

Oscar Geymonat

1 Samuel 12,6-25