Viernes 16 de agosto

 

Al ver a la multitud, Jesús tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha”.

Mateo 9,36-38

Hermana, hermano: Estos versículos nos muestran el corazón misericordioso de Jesús, que es el del mismo Dios. Al ver la multitud, tuvo compasión; esa compasión por la masa humana excluida, pobre y hambrienta. Inmediatamente se transforma en una demanda para los discípulos: rueguen al dueño para que envíe trabajadores…

La compasión manifestada por Jesús tiene un juicio implícito: la ausencia de los pastores, los guías, los líderes. Evidentemente es-tos pastores que no cumplen con su tarea se están pastoreando a sí mismos; desde los lugares de poder viven para sí mismos.

El ruego que Jesús pide a los discípulos debe seguir siendo un ruego necesario y permanente de la iglesia: envía trabajadores para la cosecha. La multitud de la cual Jesús se compadece sigue creciendo en las grandes ciudades como en los pueblos pequeños, la pobreza y la marginación crecen constantemente.

Han visto que Jesús no dice el famoso: “Por algo será”, tan pre-sente en nuestro pensamiento. Él ama y se compadece de la multitud.

¿Ya somos trabajadores del reino de Dios? Que nuestra oración, junto al ruego, sea: Hazme, Señor, un trabajador de tu cosecha para que mi corazón se abra a los que sufren. Amén.

Atilio Hunzicker

Mateo 9,35-10,4