Viernes 18 de enero

 

Cuando Cam, o sea el padre de Canaán, vio a su padre desnudo salió a contárselo a sus dos hermanos. Entonces Sem y Jafet tomaron una capa, se la pusieron sobre sus propios hombros, y con ella cubrieron a su padre. Para no verlo desnudo, se fueron caminando hacia atrás y mirando hacia otro lado.

Génesis 9,22-23

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Es posible encontrar excusas satisfactorias para este comportamiento de Noé. Lo único que podríamos disculparle es que podría ignorar los efectos del vino. Observarás que, antes del diluvio, la embriaguez no fue mencionada como uno de los pecados practicados en aquella época. En cualquier caso, resulta sorprendente ver a Noé, único hombre justo que sobrevivió de los perecidos, el predicador de la justicia, colocándose en una situación de pérdida de su dignidad.

Lo evidente es que estamos mirando a un mundo y a un nuevo comienzo de una tierra restaurada, pero la vieja naturaleza humana aún se encuentra presente. Y volvemos a la antigua pregunta: ¿qué es el hombre? Lo vimos fracasar en el antiguo Edén y ahora en el mundo nuevo.

Queda claro que con nuestra naturaleza física afectada por el peca-do e intentando acumular méritos propios, no podríamos ser aceptados por Dios, a menos que depositemos nuestra fe en Jesucristo.

Es así que Dios nos deja esta historia, con incidentes que exponen el fracaso humano para que pensemos en la debilidad de nuestra naturaleza humana. Además de ver, de qué manera podemos utilizar los recursos que Dios nos entrega para vivir una vida más significativa, una vida que vale la pena vivir.

Velad y orad para que no entréis en tentación, el espíritu está dis-puesto pero la carne es débil (Marcos 14,38).

Brayan Strege Weiss

 

Génesis 9,18-29