Viernes 2 de octubre

 

Un cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos… Pero Dios ha puesto cada miembro del cuerpo en el sitio que mejor le pareció. Si todo fuera un solo miembro, no habría cuerpo.

1 Corintios 12,14.18-19

En una ocasión tuve la oportunidad de compartir un devocional con este texto. La dinámica del devocional consistía en tener una bandeja con varias partes del cuerpo humano, pies, cabezas, torsos, brazos, piernas, manos… todo mezclado y desorganizado y cada participante al llegar recogía una parte a su elección.

Luego con la lectura del texto y reflexión invitaba a las presentes, pues era un encuentro de mujeres, a armar tantos cuerpos completos como pudieran, tenían unos grandes murales para ir formándolos. Pues bien, la sorpresa fue al ver que sólo pudimos completar un par de personas completas, sobraban cabezas y faltaban muchos pies y manos…

Hasta el día de hoy las personas de fe continuamos con la dinámica de la comunidad de Corinto, asignando valor e importancia a diferentes roles y funciones. El llamado de Pablo es contundente, el cuerpo funciona en armonía cuando trabajamos juntos y juntas.

Claro que necesitamos organizarnos pero es saludable recordar que los estereotipos y categorías son nuestras, y si esto no nos ayuda a mirarnos con misercordia y empatía pidamos la ayuda del nuestro buen Dios para crecer en relaciones sanas y afectivas.

Amado Dios, vos nos escuchás y sostenés con tu amor vivificante. En tu infinito amor ayúdanos a unirnos en diversidad para proclamar tu obra tan diversa y magnífica. Somos personas agradecidas por ese amor, ayudános a responder a este amor, gracia, perdón recibido in-condicionalmente también. Amén.

Mariela Pereyra

2 Corintios 12,14-19