Viernes 20 de octubre

 

 

De esta manera se me presentó la gloria del Señor. Al verla, me incliné hasta tocar el suelo con la frente.

Ezequiel 1,28

Ezequiel sigue con la descripción detallada de su visión, a la que en la segunda parte agrega también el sentido del oído: no sólo ve, sino también oye.

Su descripción es detallada y fantástica, describe figuras aladas que se mueven y avanzan, brillan y resplandecen, asociada a sonidos que se parecen a ruidos de aguas de un río crecido, como la voz del Todopoderoso. El profeta es muy hábil en combinar figuras de su imaginación con fenómenos de la naturaleza para describir su visión y atrapar la atención del oyente o lector. Sin desmerecer esta descripción, creo sin embargo que lo que nos importa para la reflexión es el final del relato. Reconoce que así se le presentó la gloria del Señor y que al verla tuvo un gesto de profunda reverencia: se inclinó hasta tocar el suelo con la frente.

La pregunta con la que nos interpela el relato es ¿de qué manera sentimos nosotros que se nos presenta la gloria del Señor y cuál es nuestra respuesta y actitud ante ella?

Sin duda alguna, descubrir la gloria del Señor es un acto de fe. Requiere en cada uno de nosotros sensibilidad y atención para ver y descubrir esa manifestación de Dios. En la visión de Ezequiel tenemos una mirada contemplativa. Esa mirada que muchas veces nos falta a nosotros, que trasciende el solo ver, rápido y apurado, para entrar y llegar hasta el corazón. La gloria de Dios se manifiesta para cada uno de nosotros en forma particular; no hay receta, pero sí necesita de nosotros disposición, atención y apertura.

Lo segundo a destacar es la respuesta del profeta. Él se inclina hasta tocar el suelo con la frente, en clara señal de reverencia y respeto. Eso mismo por lo que el mundo hoy sufre, y que el proceso de secularización intenta minimizar y/o desgastar. Sobrados ejemplos de esa falta la tenemos en las actitudes ante los tiempos litúrgicos. Las fechas que invitan a la reflexión y al recogimiento se usan muchas veces para desenfrenadas diversiones que lejos están de reverencia y respeto.

Que Dios nos ilumine en ese pensamiento durante este día. Amén.

Hilario Tech

Ezequiel 1,22-28