Viernes 21 de agosto

 

Esperaban de él una señal que viniera del cielo… “A esa gente no se le dará ninguna señal”.

Marcos 8,11.12

“¡Dame una señal para saber que me amas!”, exige una mujer. Confundido, él le pregunta: “¿Por qué?” “¡Dame una señal!”, repite ella. Él le da un beso. “¿Por costumbre o porque me amas en serio?”, pregunta su señora. Las dudas quedan. No importa lo que decida llevar o hacer, no tendrá valor. Un ramo de flores, un regalo precioso, ¿es una señal de amor o de mala conciencia? Acompañarle a bailar, hacer algo para que se alegre, ¿una mera estrategia para llamar la atención? ¿Puede estar segura de su amor? ¿Hay pruebas indiscutibles?

Algunos le exigen a Jesús señales del cielo, directamente de Dios. Dios mismo legitima a Jesús ante sus ojos. Pero, ¿qué tipo de señal aceptarán? ¿Un milagro, algo sobrenatural, algo inexplicable? ¿Darán crédito a sus ojos? ¿No buscarán descubrir el engaño?

Donde ya crecen las dudas y falta la confianza, sea en la familia, en el gobierno o en la relación con Dios, las señales no valen como pruebas. Por eso Jesús dice: “A esta gente no se le dará ninguna señal.”

Pero en el contexto de este párrafo leemos que quienes caminan con él, compartiendo el pan y esperando en Jesús, al igual que aquellos 4000 acompañantes hambrientos, van a tener una experiencia fantástica: Jesús les da el pan que necesitan.

Les da el pan de la vida, de una vida abundante. Y solo quienes aman sin exigir pruebas, van a descubrir señales de amor en todos lados.

Kirsten Potz

Marcos 8,10-13