Viernes 24 de abril

Como hijos obedientes, no vivan conforme a los deseos que tenían antes de conocer a Dios. Al contrario, vivan de una manera completamente santa, porque Dios, que los llamó, es santo.

1 Pedro 1,14-15

Se cuenta que Simeón el Estilita (390-459) vivió 37 años sobre una columna de 17 metros de altura cerca de Alepo, Siria, para meditar acerca de Dios.

No creo que Dios quiera que busquemos ser santos encaramándonos sobre una columna para abstraernos de nuestro entorno y de nuestra sociedad.

Pero en el 3º libro de la Biblia, en Levítico capítulo 19 dice a lo que se refiere Pedro en su carta: “Sean ustedes santos, pues yo, el Señor su Dios, soy santo.”

Entonces pregunto: ¿Qué es santo para Dios? y ¿Cómo se llega a ser santo?

El Evangelista Marcos anotó: “Sólo Dios puede perdonar pecados.” Así lo entiendo y creo, y estoy convencido de que Dios nos puede perdonar pecados y así hacernos santos, y ese no es el fin, sino el principio del camino. Pues no sólo es importante ser santo, sino “vivir una vida santa”.

Pedro en su carta escribe que vivamos “como hijos obedientes” (v. 14). O sea hijos que hacen caso al Padre y no se abstraen, por ejemplo: sobre una columna o una idea.

Traduzco esto a la vida cotidiana: Puede ser que en las cuatro paredes de nuestro templo nos sintamos muy cerca de Dios. Pero Cristo quiere que vivamos la alegría del Evangelio todos los días, entre nuestros vecinos, si estamos en la carnicería, en el hospital o en medio de una discusión.

Si quiero ser cristiano, entonces lo seré siempre, o si no, no lo seré. ¿Cómo se logra? Buscando que Jesucristo sea el ejemplo de nuestra acción, de nuestra palabra y pensamiento. ¡Amén! 

Winfried Kaufmann