Viernes 26 de mayo

 

 

Jesús es la piedra reprobada por ustedes, los constructores.

Hechos 4,11

En este texto de Hechos podemos resaltar tres momentos:

“Pedro lleno del Espíritu Santo, dijo…”, 

“Jesús es la piedra reprobada…”, 

“No hay salvación en otro lado.”

La venida de Jesús había sido anunciada prácticamente desde la expulsión de Adán y Eva del paraíso. Muchos vivieron con la esperanza de poder verlo, pero no pudieron, y cuando por fin vino, muchos no creyeron que él era el prometido. Evidentemente esperaban otra cosa, como se describe en varios pasajes de los evangelios.

Ya el salmista (Salmo 118,22) habla de la piedra desechada por los constructores.

Pedro y Juan habían hecho un milagro, y respondiendo a la pregunta, con qué autoridad habían hecho eso, Pedro dijo, “llenos del Espíritu Santo”, en el “nombre de Jesucristo”, quien es la piedra que ellos, los constructores, desecharon. ¿Qué constructores? ¿Constructores de qué? ¿De una comunidad de fe, de la Iglesia de Cristo?

Hace tiempo, en una reunión con hermanas de otras iglesias, una de ellas dijo: “Yo no  tengo palabras tan lindas, ni sé expresarme bien. Por eso, en mi iglesia nunca me piden que haga una oración”.  Me resultó fuerte esa afirmación, tan espontánea, que surgió de ella de muy adentro. Se notaba que estaba triste por eso. ¿Era acaso una denuncia?

A la luz de este versículo podría pensarse que se consideraba una piedra desechada, que no servía. ¿Nos pasa también en nuestras congregaciones? Y voy más allá, ¿en nuestras familias?

Recordemos que, para el reino de los cielos todos somos iguales, nadie es más ni menos en una comunidad de fe. Y tengamos en cuenta que en ningún otro lado hay salvación, sólo en el nombre de Jesús.

Luisa Krug

Hechos 4,1-12