Viernes 26 de octubre

 

Cuando el Cordero abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido inmolados a causa de la palabra de Dios y del testimonio que habían dado. Ellas clamaban a voz de cuello: ¿Hasta cuándo, Señor santo y verdadero, tardarás en hacer justicia y en vengar nuestra sangre sobre los habitantes de nuestra tierra?

Apocalipsis 6,9-10

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Esta reflexión la escribo en el contexto de que hace una semana, el miércoles 10 de mayo de 2017, se realizó una multitudinaria marcha en contra de la aplicación de la Ley del 2×1 que aplicó la Corte Suprema Argentina, y que permitía liberar a un represor de la última dictadura, abriendo un precedente para liberar a otros represores.

Cuando leí el texto se me vino la misma pregunta. ¿Hasta cuándo hay que seguir clamando, memoria, verdad y justicia, frente a todos aquellos que quieren dejar impunes crímenes cometidos en la última dictadura? ¿Hasta cuándo hay que seguir clamando para que los genocidas, que ni siquiera se arrepintieron de sus crímenes, no se salgan con la suya?

El texto completo de Apocalipsis 6,9-17 nos dice que ningún asesino se puede esconder y escapar de la justicia; que para Dios no hay injusticia que quede en el olvido e impune, que tarde o temprano cada uno se verá frente a la justicia divina.Mientras tanto es una obligación y deber bíblico, como así también moral y ético, luchar por una sociedad más justa, que no crucifique a Cristo y donde no exista impunidad. Por suerte nuestra sociedad e iglesia repudió este fallo, escuchando la voz de los que claman justicia frente al cordero, que también fue asesinado injustamente.

Oh Dios ¡Cumbaiá, oh Dios, cumbaiá! (Canto y Fe Nº 422)

Javier Oscar Gross

Apocalipsis 6,9-17