Viernes 28 de diciembre

 

Yo, Juan, en verdad los bautizo con agua para invitarlos a que se vuelvan a Dios; pero el que viene después de mí los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Él es más poderoso que yo, que ni siquiera merezco llevarle sus sandalias.                                                        

Mateo 3,11

DESCARGAR EL AUDIO

Al finalizar un año es habitual hacer un balance de lo vivido en los meses pasados. Recordamos situaciones y experiencias que deseamos agradecer. Pero también tropezamos con actitudes que protagonizamos y de las que nos sentimos arrepentidos. Frente a ellas nos proponemos cambiar en el nuevo año. Afortunadamente, a cada paso se nos presentan oportunidades para cambiar. No solamente ante un fin de año.

El bautismo era un rito común entre los judíos del primer y segundo siglo. Era un acto de limpieza espiritual y de esperanza.

La tarea de Juan era predicar el arrepentimiento y bautizar. El arrepentimiento genuino implicaba disposición de cambiar, tener una buena actitud hacia la vida y hacia Dios.

Juan bautizaba en el desierto de Judea, en el río Jordán.  Acudían multitudes de penitentes expectantes y ansiosos. Después de confesar los pecados, de renovarse, eran bautizados por Juan.

Jesús no tenía pecado de qué arrepentirse. Sin embargo, continuó con el cumplimiento de la voluntad del Padre y se presentó para ser bautizado por Juan.  Seguramente para dar el ejemplo que los creyentes deben seguir. Fue su ordenación y preparación para el ministerio; un símbolo de su obra de redención.

El bautismo fue un momento definitivo en la vida de Jesús. Y también lo es en la vida de la comunidad cristiana.

Cada vez que hay un bautismo en la iglesia, un clima particular envuelve a la familia del bautizado y a quienes participan de la ceremonia. Cuando un niño pequeño es bautizado y brazos adultos lo presentan a los fieles – momento de ternura colectiva – se dibujan sonrisas en los rostros de los presentes. Es voluntad de Dios que esas sonrisas sepan de la responsabilidad y compromiso de acompañar al nuevo miembro de la Iglesia.

Señor, que sea para nosotros otra oportunidad de renovación y cambio, siempre para acercarnos a Dios.

Magdalena Krienke de Lorek

Mateo 3,1-12