Viernes 3 de abril

En su oración decía: “Abbá, Padre, para ti todo es posible: líbrame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.”

Marcos 14,36

La obispo metodista argentina Nelly Ritchie respondió de manera ejemplar cuando un presidente del país, en un momento de crisis e incertidumbre, afirmó: “¡Que sea lo que Dios quiera!”

La obispo dijo que la frase del presidente golpeó sus oídos como un intento de respuesta a la falta de respuesta, y agregó que no sabía si le dolía más la ligereza con que había invocado el nombre de Dios o el hecho de que hubiera relacionado “a Dios con lo final, con lo fatal, con lo terminal, con la incapacidad humana de obrar bien y para el bien.” No corresponde que como creyentes digamos “que sea lo que Dios quiera”, porque en realidad sabemos bien qué es lo que Dios quiere. Tomando como guía los diez mandamientos de la Biblia Hebraica, la obispo enumeró en su respuesta al presidente las diez cosas que constituyen la voluntad de Dios.

Jesús sabía cuál es la voluntad de Dios. Jesús sabía que la voluntad de Dios es que todos los seres humanos y la creación entera tengamos vida y que la tengamos en abundancia. No estaba dispuesto a dar su propia vida a menos que fuera absolutamente necesario para cumplir la voluntad de Dios como él la conocía.

Que para Dios todo es posible significa que nunca debemos dejar de esperar que la voluntad de Dios se realice. Tu esfuerzo y el mío, en conjunto con el de otras personas apasionadas por la vida, nunca serán en vano.

Andrés Albertsen