Viernes 4 de octubre

 

Jesús tuvo compasión de ellos, y les tocó lo ojos. En el mismo momento los ciegos recobraron la vista, y siguieron a Jesús.

Mateo 20,34

¡Te quiero! ¡Eres especial! ¡La vida es maravillosamente mágica! ¡Disfrútala! …

Estas palabras, ¿te cambiaron en cierto modo también la manera de ver las cosas?

¡Nosotros también tenemos el poder de hacer recobrar la vista a los demás! Apretemos STOP de vez en cuando, detengámonos, así como dice la metáfora: detente a sentir el aroma de las flores, -detenerse a disfrutar de la esencia de la vida.

Jesús todo el tiempo trata de tocarnos los ojos, pero el consumo, la tecnología, etc., no nos permiten sentirlas y no sólo en nuestros ojos, sino también en nuestros corazones.

Yo te pregunto, ¿cuándo fue la última vez que le dijiste a tu pareja o a tu hijo, hija lo importante que es en tu vida? Son muchas preguntas, pero creo que ayudarán para que no andemos tan ciegos en la vida. En una clase encomendé una tarea a mis alumnos, enseguida se queja-ron, les pedí que primero me escucharan y les dije que ni bien llegaran a su casa abrazaran a su familia y les digan cuánto los quieren. Fue una tarea muy simple, pero sumamente intensas las anécdotas que contaron. Les ayudó a observar cómo con un gesto tan simple se podría lograr algo tan especial.

También a ti te dejo la tarea, responder las preguntas y abrazar más. Es deber de todos tocar los ojos y el corazón del otro. ¡Feliz día!

Marianna Würgler

Mateo 20,29-34