Viernes 4 de septiembre

 

Hijos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas entrar en el reino de Dios! Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios.

Marcos 10,24.27

¿Quién es mejor persona, el pobre o el rico?

Este relato bíblico tiene total vigencia porque a diario uno de los temas centrales es el debate sobre la riqueza. Una de las fantasías que movilizan a las autoridades y a la sociedad es que se logra la felicidad con posesiones y riqueza. De ahí que tienen permanente atención, por ejemplo en los medios, aquellos que son escandalosa-mente ricos. Por otra parte, los sectores pobres o empobrecidos por definición son infelices y “olvidados de la mano de Dios”.

El encuentro de Jesús con el hombre rico advierte que la riqueza debe estar sostenida en una conducta, una ética de vida, que se resume en los mandamientos. Pero, cuando Jesús le dice que venda lo que tiene y se lo dé a los pobres, el rico se aflige porque no está dispuesto a desprenderse de sus posesiones. Hay personas y países que hacen valer su riqueza reclamando privilegios, excepciones e impunidad jurídica en la sociedad y ante Dios y sus mandamientos.

Pero, tampoco es una virtud ser pobre. Una virtud que el rico no practicó. Más recientemente hay quienes explican la riqueza escandalosa de ciertos líderes religiosos como bendición del cielo, de la que ellos disfrutan muchas veces en contraste con sus seguidores.

Jesús propone que la riqueza, ni para el pobre ni para el rico, sea lo principal y determinante en su vida.

Bruno Knoblauch

Marcos 10,10-17