Viernes 6 de septiembre

 

Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, ustedes, que son espirituales, restáurenlo con espíritu de mansedumbre. Piensa en ti mismo, no sea que también tú seas tentado. Sobrelleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo. Porque el que se cree ser algo, y no es nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno ponga a prueba su propia obra.

Gálatas 6,1-4

Es un error pensar que podemos calzar a la perfección “los zapatos de otros”. Más de una vez, ante el dolor ajeno, pensamos que tenemos la palabra justa o que podemos ayudar asemejando el sufrimiento al de una situación vivida por nosotros mismos.

Por eso, el apóstol Pablo nos advierte sobre este engaño al explicarnos que, cuando nuestro prójimo se equivoca, tenemos la oportunidad y responsabilidad de cumplir la ley de Cristo, es decir, iniciar un proceso de restauración que, por una parte, implica acompañar al afligido con amor y mansedumbre en el proceso de llevar su propia carga, y, por otra, reflexionar sobre nuestras propias obras y tentaciones.

Esto no significa que sea imposible ayudar a otros, sino que recuerda cuáles son las responsabilidades de cada uno: reconocer la propia debilidad y buscar la ayuda de Dios en cada proceso de nuestras vidas. Sólo en total dependencia divina, observando con humildad nuestras propias imperfecciones, es que podremos ser de utilidad e inspiración al acompañar a nuestros hermanos en las situaciones difíciles que afronten.

Tú, deja tus pesares en las manos del Señor, y el Señor te mantendrá firme; el Señor no deja a sus fieles caídos para siempre. (Salmo 55,22)

María Esther Norval

Mateo 13,24-30.36-43; Gálatas 6,1-10