Viernes 9 de junio

 

 

Ustedes son hermanos; ¿por qué se maltratan el uno al otro?

Hechos 7,26

Usted con certeza ha escuchado hablar sobre maltratos. Tenemos dos clases de maltrato común y corriente: el maltrato físico y el verbal. Pero el más dañino es el maltrato verbal, porque no deja cicatrices y es menos visible, simplemente porque el abuso tal vez siempre ocurra en privado.

Una de estas armas, tan pequeña pero difícil de dominar, es nuestra lengua (Santiago 3,5). La lengua tiene un gran poder para dañar a los demás y a nosotros mismos. Cada vez que murmuramos acerca de otra persona nos estamos vinculando negativamente con ella, alimentamos pensamientos de odio, de amargura, abrimos heridas o profundizamos las que ya existían. No vuelvas a repetir en tus palabras y recuerdos lo injustos que fueron contigo, no sigas hablando mal de esas personas que te maltrataron y juzgaron injustamente, porque cada uno será juzgado por el Señor. Mejor es perdonar y dar nuestro ejemplo. No permanezcas observándolos, siguiéndolos o tratando de buscar cosas en sus vidas para seguir señalando lo malos que son. No te sigas hundiendo en el rencor y las heridas, porque lograrás quedarte en un pozo de dolor y oscuridad que frenará todo lo bueno en tu vida. La Biblia nos manda a perdonar y descansar en que Dios es siempre justo. Enfócate solamente en las cosas útiles y buenas que Dios tiene para ti.

Hermanos, no se quejen unos de otros, para que no sean juzgados; pues el Juez está ya a la puerta (Santiago 5,9).

Tú que estás leyendo en estos momentos: no es voluntad de Dios que estés en una relación verbalmente abusiva. Esas palabras destruirán tu confianza y tu autoestima. Ser una persona sumisa no significa resignarse a ser golpeada verbalmente. Dios te ama. El Señor está cerca, para salvar a los que tienen el corazón hecho pedazos y han perdido la esperanza. (Salmo 34,18) Piénsalo. Amén.

Daniel Enrique Frankowski

Hechos 7,17-29