Domingo 24 de septiembre

 

 

16º domingo después de Pentecostés, 25º en el año

¡Busquen el poder del Señor! ¡Busquen siempre a Dios!

Salmo 105,4

Somos seres del Siglo XXI, inmersos en un entramado complejo de relaciones sociales, económicas, políticas, ideológicas, que se parecen a la Torre de Babel. Muchas lenguas, muchas herramientas, muchas líneas tendidas (teléfonos, Facebook, Instagram, Internet…). Buena parte de nuestra vida y nuestras relaciones tienen un carácter preponderantemente virtual, reconociendo que existen personas grandes que no manejan todos esos hilos. Nuestro campo de acción y relación ha crecido exponencialmente; del mismo modo, en relación inversamente proporcional, la calidad de esos vínculos tiende a disminuir o ha disminuido de hecho. Esto ha tenido un efecto devastador, en el “crédito de tiempo”; los lazos tendidos engendran exigencias y compromisos que llegan a ser agobiantes, sobre todo cuando nos cuesta priorizar y soltar algunas de esas líneas. Proliferan los consejos y cursos virtuales acerca de la gestión eficaz del tiempo, la planificación, pero no es suficiente; es como si nos faltara un vínculo sabroso, algo que una todas las partes y dé sentido a lo que somos.

En la fe tenemos una herramienta fundamental: la oración. El Libro de los Salmos nos acerca miles de experiencias vitales compartidas con Dios: alabanzas, enfermedades, lamentos, clamores, desesperación… Todo entra en la oración, que es una práctica realmente desafiante en la que nos proponemos buscar a Dios -aún en la tempestad- y reclamar su presencia. Ese vínculo a través de la oración favorece la calidad del conocimiento de ese Dios que nos ama, y nuestro propio autoconocimiento. Hay tantas oraciones y maneras de orar como personas existimos. Pero la verdadera oración implica un esfuerzo de apertura consciente y creciente donde, poco a poco, somos capaces de escuchar esa presencia. El dejar de buscar a Dios a través de la oración favorece la confusión y el sinsentido. ¡Necesitamos una hora quieta que nos ayude a poner prioridades y hacer la voluntad de Dios que es siempre amar(nos) más!

Juan Carlos Wagner    

Salmo 105,1-6.37-45; Éxodo 16,2-15; Filipenses 1,21-30; Mateo 20,1-16; Agenda Evangélica: Lucas 18,28–30