Jueves 19 de agosto

Entonces el sacerdote  Hilcías, Ajicam… y Asaías fueron a ver a la profetisa Julda… y ella les dijo: “Así ha dicho el Señor, Dios de Israel…”

2 Reyes 22,14-15

Un sacerdote, un escriba y otros funcionarios de la corte tenían en sus manos el libro de la Ley. Ellos eligieron a la profetisa Julda para que fuera la mediadora entre Dios, el rey y el pueblo. El pueblo, para ese entonces, estaba viviendo lo que hoy llamaríamos un sincretismo religioso o religiosidad popular. Julda será la responsable de anunciar un tiempo favorable para el rey, a pesar de la desobediencia del pueblo, porque escuchó la lectura del libro de la Ley, la comprendió y se humilló ante Dios.

Podemos imaginarnos que a Julda lo único que le interesaba era ser la portadora de la Palabra de Dios para la puesta en práctica de la ley de Dios en medio de su pueblo. Contar con la ley era tener a disposición las normativas para el establecimiento del orden social y religioso de Judá. Julda actúa como consejera del gobierno pero desde una perspectiva crítico-profética que no era fácil de comunicar, pues una parte de su contenido era de juicio hacia el olvido de las doctrinas y prácticas israelitas del pueblo de Judá.

El ejemplo de Julda nos desafía a reflexionar sobre la recuperación de los valores, doctrinas y experiencias de fe. ¿De qué manera transmitimos desde nuestras vivencias a las actuales generaciones el mensaje bíblico con sentido profético?

Julda, así como mujeres del Nuevo Testamento que caminaron con Jesús y con los apóstoles, como también en nuestro tiempo hoy, son elegidas por Dios para ser mensajeras de denuncias de injusticias pero también de compromisos para transformar realidades. En nuestros diferentes países tenemos muchos ejemplos de mujeres que asumen roles valientes para, por ejemplo, denunciar los diversos tipos de violencia de género.

Es mi oración cotidiana que podamos unir nuestras voces y nuestras acciones para experimentar el tiempo favorable de Dios.

Wilma E. Rommel

2 Reyes 22,14-23,3

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