Jueves 26 de septiembre

 

Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Mateo 18,20

¡Qué conocido y popular se hizo este versículo! En los encuentros en nuestra iglesia donde pocos miembros asisten por los más diversos motivos, se utiliza este versículo para animarnos mutuamente, que los encuentros de la fe valen la pena a pesar de la poca concurrencia. El número de asistentes no debe ser motivo de que no persistamos, como dijo una hermana, “después de todo, Jesús sólo comenzó con doce”. Juntarnos para mantener y hacer crecer nuestra fe, vale la pena, para que podamos mantenernos en el camino.

Pero estos encuentros no son para hablar de otros, sino para corregirnos, reflexionar sobre nuestro actuar, centrándonos en las enseñan-zas de nuestro Dios, y orar, por otros y por nosotros, así como lo expresa el versículo 19: Si dos de ustedes se ponen de acuerdo aquí en la tierra para pedir algo en oración, mi Padre que está en el cielo se lo dará. Esa promesa que nos ha hecho Jesús requiere de mucha confianza, fe, pa-ciencia y perseverancia para esperar aquello que necesitamos, o tal vez no llegue, pero nos abre otra puerta o nos muestra otro camino. Y esto no se logra en soledad, sino a través de la energía que transmitimos en los encuentros. Por eso: ¡Qué importante es encontrarnos!

Que nuestros encuentros estén llenos de vibraciones positivas, que se transformen en un espacio acogedor, amoroso, receptivo, como lo es Jesús con nosotros, que siempre nos espera con sus brazos abiertos. Que sean de crecimiento y sana convivencia, que permitan a los participantes sentirse a gusto, para que vuelvan a sus hogares anima-dos a contagiar la alegría de la fe a otros.

Dios y Salvador, regálanos las actitudes más cercanas a tu voluntad, para que podamos manifestar tu amor y tu perdón, para ser hijos tuyos en palabras, pensamientos y acciones. Bendito eres, Señor. Amén.

Inés Schmidt

Mateo 18,15-20