Jueves 9 de marzo

 

 

Nadab y Abihú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su brasero, pusieron lumbre e incienso en ellos y ofrecieron ante el Señor un fuego extraño que él no les había ordenado.

Entonces salió fuego de la presencia del Señor y los quemó por completo. Así murieron ante el Señor.

Levítico 10,1-2

Para entender este episodio es importante saber que hasta ese entonces el pueblo israelita aún no había vivenciado la presencia de la gloria de Dios como algo visible. No existía un lugar centralizado para el culto; no se había impartido un sistema regulado de ofrendas y fiestas; no se había instalado aún un sumo sacerdote ni una orden de servidores religiosos. Por eso están las indicaciones de Dios con respecto a cómo hay que adorarle y cuáles y cuándo son las fiestas religiosas.

Nadab y Abihú presentaron un fuego que no tenían que ofrecer, y de una manera soberbia no están consultando a Moisés, ni a Aarón. No tomaron en cuenta la autoridad que estaba sobre ellos. ¿Por qué lo hicieron? Quizá su único deseo era auto promoverse y ser importantes.

Como aquel era el primer día en que los miembros de su familia desempeñaron sus labores sacerdotales, deberían haberlo hecho con especial cuidado para complacer a Dios hasta en los más mínimos detalles. Nadab y Abihú no podían acercarse a Dios como los paganos se acercan a sus dioses; no podían venir con sus propios recursos y reglas, sino bajo las condiciones de Dios. Frente a él no daba lo mismo actuar de cualquier manera.

¿Qué actitud podemos tener hoy los cristianos?

La Carta a los Hebreos nos anima a acercarnos a Dios con confianza y libertad: Tenemos un gran sacerdote al frente de la casa de Dios. Por eso acerquémonos a Dios con un corazón sincero y una fe completamente segura, limpios nuestros corazones de mala conciencia y lavados nuestros cuerpos con agua pura. (Hebreos 10,19-22)

Cerca, más cerca, oh Dios, de ti, cerca yo quiero mi vida llevar; cerca más cerca, oh Dios de ti, cerca a tu gracia que puede salvar. (Culto Cristiano Nº 234)

Mario Bernhardt

Levítico 10,1-11